Esta artista católica dudaba de su arte. Un mes en un monasterio le cambió la vida
Contó que Dios le enseñó a descansar, crear con libertad y ver su obra de arte, con toda su vulnerabilidad, como una forma de amar a los demás.
Contó que Dios le enseñó a descansar, crear con libertad y ver su obra de arte, con toda su vulnerabilidad, como una forma de amar a los demás.
Durante el embarazo, rezaron una Treintena a San José por la llegada de su bebé, y justo al terminarla, recibieron la noticia de que su pequeña podía volver a casa.
Ingresó al convento a los quince años, pero dos años después una enfermedad la dejó postrada. Sus superiores la enviaron al otro lado del Atlántico con la esperanza de que el sol de Estados Unidos ayudara a recuperar su salud.
En Cristo encontró la paz que necesitaba y, de la mano de María, descubrió en el Rosario un camino para permanecer cerca de Dios y llevar a otros hacia Él.
25 años después, sus testimonios siguen siendo un desafío: cuando el miedo nos diga que demos la espalda, que tengamos el valor de servir, de orar y de amar.
Oremos por la familia Henrie y por todas las familias que atraviesan el dolor de la pérdida de un hijo.