25 años después del 11 de septiembre de 2001, el mundo aún recuerda el horror de aquel día. Pero en medio del terror, muchas personas vivieron algo más: desconocidos ayudando a desconocidos, sacerdotes llevando los sacramentos a los heridos y personas que encontraron refugio en la oración.
Estas son cuatro historias impactantes y poco conocidas que aparecen en el documental de EWTN News, “Hope After 9/11: Stories of Faith and Courage”.
1. Comenzó el 11-S en la Misa diaria. Luego salvó la vida de una desconocida.
Paul Carris estaba trabajando en el piso 71 de la Torre Norte cuando comenzaron los ataques. Esa mañana había asistido a la Misa diaria.
Mientras se dirigía hacia la salida, vio a un grupo de personas reunidas alrededor de Judith Toppin, una compañera de trabajo que se encontraba en dificultades. Paul no la conocía, pero ella tenía graves problemas de salud y no podía realizar sola el largo descenso por las escaleras.
“Simplemente me acerqué a ellos para ver si ella estaba bien”, recordó Carris. “Algo me dijo: ‘Está bien, yo la cuidaré’”.
Entonces, paso a paso, los dos comenzaron a bajar.
Judith bajaba cojeando por las escaleras mientras Paul la sostenía. El trayecto era lento, agotador y peligroso. A mitad del camino, Judith comenzó a recitar en voz alta el Salmo 23:
“El Señor es mi pastor; nada me faltará”.
Paul también comenzó a orar.
Todavía estaban dentro de la Torre Norte cuando la Torre Sur se derrumbó. No podían ver lo que había ocurrido afuera, pero sintieron lo que Carris describió como un “viento con fuerza de huracán” que atravesaba las escaleras.
En ese momento no sabían qué había sucedido. Simplemente continuaron bajando.
Paul y Judith lograron ponerse a salvo apenas unos instantes antes de que la Torre Norte se derrumbara. Más tarde, Carris se dio cuenta de que ayudar a Judith no solo le había salvado la vida a ella, sino que también había cambiado la suya para siempre. Con el tiempo, se convirtió en diácono permanente de la Arquidiócesis de Newark, y Judith asistió a su ordenación en 2011.
2. Llevaba solo 3 meses como sacerdote cuando atacaron el Pentágono. Entonces llevó a Jesús a los heridos
El Padre Stephen McGraw llevaba solo 3 meses como sacerdote cuando el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono.
Se había equivocado de camino mientras se dirigía a un entierro en el Cementerio Nacional de Arlington y se encontró atrapado en el tráfico cerca del edificio. Cuando vio que el avión se estrellaba, supo de inmediato que se necesitaría un sacerdote.
Tomó su estola morada, los santos óleos y el libro de oraciones, y corrió hacia los heridos.
Allí encontró a Juan Cruz, un hombre gravemente herido que escuchó al sacerdote rezando a su lado. Cruz le hizo una pregunta sencilla:
“¿Cómo te llamas?”
“Me llamo Padre Steve McGraw”, respondió el sacerdote. “Soy un sacerdote católico”.
Cruz respondió: “Soy católico”.
El Padre McGraw le ofreció la confesión y la absolución de manera general, y luego le administró la Unción de los Enfermos.
“Te lo digo”, le dijo a Cruz, “Jesús está contigo ahora”.
Cruz respondió que sí.
Más tarde, mientras se recuperaba en el hospital, Cruz contó a su familia que alguien había rezado con él después del ataque. Solo cuando su esposa encontró una fotografía de aquel momento descubrieron que se trataba del Padre McGraw.
En medio de la tragedia, el Padre McGraw continuó rezando a María:
“María, ayúdame a permanecer contigo al pie de la Cruz”.
Veía el sufrimiento a su alrededor como un lugar donde Cristo estaba presente y donde un sacerdote estaba llamado a permanecer.
3. Pilotaba el Air Force One el 11 de septiembre. Así que rezó durante todo el trayecto: “Jesús, necesito ayuda”
Mientras se desarrollaban los ataques del 11 de septiembre, el coronel Mark Tillman pilotaba el Air Force One con el presidente George W. Bush a bordo.
La responsabilidad era inmensa. La nación estaba bajo ataque y la información era incompleta. Nadie sabía si vendrían más aviones, si el presidente estaba en peligro o si el propio Air Force One podía convertirse en un objetivo.
La misión de Tillman era mantener al presidente a salvo.
Pero antes de cada misión, tenía un ritual personal. En la cubierta superior del 747 presidencial, entraba a un pequeño baño y rezaba:
“Dios, dame la fuerza para asegurarme de que todo lo que haga sea correcto, y permíteme guiar a quienes me rodean para que todos den lo mejor de sí mismos”.
A medida que los acontecimientos de aquel día se desarrollaban en la cabina de mando, su oración se volvió aún más sencilla:
“Jesús, necesito ayuda”.
Tillman y su tripulación mantuvieron al Air Force One en el aire durante uno de los momentos más inciertos de la historia de Estados Unidos. Más tarde, reflexionó sobre lo que significó navegar en medio de aquella “niebla de la guerra”, mientras transportaba al presidente y apoyaba la respuesta del país.
4. El 11 de septiembre, todos huían de la Zona Cero. Este sacerdote caminó hacia ella.
Cuando el World Trade Center fue atacado, el Padre Brian Jordan comenzó a caminar hacia la Zona Cero.
Todos los demás, recordaba, se movían en la dirección opuesta.
“Yo era la única persona que caminaba hacia el sur”, dijo el Padre Jordan. “Todos los demás caminaban hacia el norte, llenos de miedo”.
Entonces recibió una noticia devastadora: su compañero franciscano, el Padre Mychal Judge —el querido capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY)— había fallecido en el World Trade Center.
El Padre Jordan era cercano al Padre Judge. Inmediatamente se preguntó qué habría hecho su hermano de comunidad.
Su respuesta fue clara:
“No me voy a quedar sentado a llorar por esto. Voy a ir al World Trade Center”.
En una barricada policial, explicó que el Padre Judge era su hermano franciscano y que había ido a ayudar. Los policías le dieron una mascarilla y guantes. Con agua bendita en sus manos, el Padre Jordan entró en la Zona Cero.
Allí rezó por los fallecidos y los bendijo.
Para el Padre Jordan, fue un acto de ministerio terrible pero profundo: responder a una pérdida abrumadora no dándose la vuelta, sino llevando oración, dignidad y la presencia de la Iglesia a las víctimas.
El testimonio que perdura
Estas historias no hacen que el 11 de septiembre sea menos trágico. Murieron casi 3 mil personas, innumerables familias quedaron devastadas y muchos de los socorristas sufrieron posteriormente enfermedades y fallecieron a causa de las labores de rescate y recuperación.
Pero también revelan algo esencial sobre ese día.
Paul Carris se quedó junto a Judith cuando podría haberse marchado. El Padre McGraw llevó a Cristo y los sacramentos a los heridos. Mark Tillman rezó mientras cumplía una misión que parecía imposible. El Padre Jordan caminó hacia el sufrimiento en la Zona Cero después de enterarse de que su amigo había muerto allí.
25 años después, sus testimonios siguen siendo un desafío: cuando el miedo nos diga que demos la espalda, que tengamos el valor de servir, de orar y de amar.
