Tenía fama, dinero y éxito, pero sentía que algo faltaba en su vida. El conocido actor Manuel Capetillo atravesó una profunda crisis que lo llevó a Jesús. Desde entonces, su vida cambió y la Virgen María y el Santo Rosario ocuparon un lugar central en su camino de fe.
Manuel Capetillo, conocido como Manuel Capetillo Jr., es un actor mexicano que alcanzó popularidad por sus participaciones en telenovelas como Soledad y Seducción. Sin embargo, detrás de los reflectores y el éxito profesional había una inquietud que no conseguía apagar.
En una entrevista para “Tertulias de Fe” de EWTN, Capetillo recordó cómo una tragedia marcó profundamente su vida.
Tras el asesinato de un amigo, atravesó una etapa de dolor y depresión que lo llevó a buscar respuestas. En medio de esta crisis, recurrió a distintos caminos, hasta que con el tiempo comprendió que necesitaba acercarse a Dios.
“La única manera que me dijeron que podía salir adelante era con Dios”.
Pero para Capetillo no se trataba simplemente de buscar a Dios a su manera. Necesitaba conocer la fe y acercarse a Él a través de la Iglesia. Y ese camino comenzó en el confesionario.
La confesión que cambió su vida
Antes de confesarse, Capetillo comenzó un proceso de formación en la fe. Estudió el Catecismo de la Iglesia Católica, leyó el libro La fe explicada y se preparó para realizar un profundo examen de conciencia. Hasta entonces, había cuestionado la necesidad de confesarse con un sacerdote:
“Yo era de esos que decía: ¿para qué confesarnos con un sacerdote si Dios lo sabe todo?; pero cuando el sacerdote me dio la absolución y dijo: 'Vete y no vuelvas a pecar', sentí cómo se liberaba mi alma del pecado y mi corazón se llenaba de gozo y paz’”, señaló en una entrevista para el semanario Desde la Fe.
Un viaje a Medjugorje y el encuentro con María
Después de su confesión y de comenzar a formarse en la fe, Capetillo escuchó hablar de las apariciones marianas de Medjugorje, entonces parte de Yugoslavia y hoy ubicada en Bosnia y Herzegovina. Motivado por lo que había escuchado, decidió peregrinar hasta allí.
Una noche, alrededor de las 11 o 12, subió a la montaña junto a un grupo de mexicanos, al lugar donde, según el relato de los videntes, habría ocurrido la primera aparición.
Para entonces, Capetillo reconoce que su fe todavía necesitaba fortalecerse y que su vida de oración apenas comenzaba.
“Iba con mi fe tambaleante, en gracia de Dios, pero con una fe muy no fortalecida en la vida de oración. Me daba flojera el Rosario y agarraba a veces un Ave María ahí, pero llegué porque ya le había puesto el camino a Dios, ya le había dicho que sí”.
Sin embargo, algo ocurrió aquella noche. Mientras el grupo se encontraba en la montaña, uno de los peregrinos comenzó a decir: “Huele a rosas”. Otros también percibieron el aroma, pero Capetillo no entendía qué estaba sucediendo. Fue entonces cuando escuchó a alguien decir: “No, aquí está la Madre de Dios”.
“No, dije yo: ‘Aquí está la Virgen. Me va a ver, me va a ver. Tengo pena, porque yo he sido un pecador, madre. Soy un pecador, pero si me permites oler lo que ellos huelen, te lo pido con el corazón’”.
Entonces también pudo sentir el olor a rosas. Para Capetillo, aquella experiencia profundizó de manera especial su relación con María.
“Consagrarse a María Santísima”
Capetillo explicó que considera especialmente necesaria esta espiritualidad mariana en el mundo actual, tanto entre los laicos como en las familias, los matrimonios, los sacerdotes y las personas consagradas.
“Hoy la gracia que se necesita en el mundo, en la Iglesia, en los laicos, en las familias, en los matrimonios, en los sacerdotes, en toda la Iglesia, en los consagrados, es esa espiritualidad de consagrarse a María Santísima, a través del Corazón Inmaculado de María Santísima, a la consagración total a Jesucristo por medio de ella”.
