San Francisco de Asís trataba a los animales como “hermanos” y San Martín de Porres hizo comer de un mismo plato a un perro, un gato y un ratón. Estos posiblemente son los ejemplos más conocidos de la presencia de los animales en las vidas de grandes santos.

Pero hubo casos de animales que protegieron y ayudaron a los santos. Te presentamos 3 de ellos:

San Juan Bosco
Una noche, mientras caminaba por una calle de mala fama en Turín, se le acercó un perro grande de rasgos finos y color gris. Lo acarició y se alejó de él.  Desde entonces, y en muchas ocasiones, este perro lo salvó de morir. Sufrió intentos de robo, rapto y hasta disparos. El perro siempre apareció en el momento preciso y salvó al santo.

San Cutberto
Este santo tuvo su misión apostólica en Gran Bretaña y todas las madrugadas se dirigía a la playa. Se metía al mar y ahí cantaba alabanzas a Dios aún a pesar del intenso frío.  En varias ocasiones, las nutrias de la zona se acercaban al santo y lo rodeaban para calentarlo con sus cuerpos. También, cuando estaba en la orilla, se acercaban para lamerle los pies y calentarlos.

San Benito
Un sacerdote de una iglesia vecina a la de San Benito, llamado Florencio, sentía envidia del santo. Cegado por esta, un día se acercó al santo y le dio de regalo un pan que estaba envenenado.

San Benito percibió que algo andaba mal con este pan. De todas formas le agradeció y Florencio se fue. Cuando se quedó solo, llamó a un cuervo que solía visitarlo para comer.

Le pidió amablemente que se lleve el pan a un lugar donde nadie pudiera encontrarlo y comérselo. El ave obedeció y San Benito se libró de una muerte segura.     

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