En la década de 1960, el beato Fulton Sheen señaló tres formas en que el mal del mundo conduce al ser humano a la desesperación. Ese pronóstico hoy se ha agravado y las palabras del beato suenan como una advertencia.
En un artículo escrito por Joseph Pronechen para National Catholic Register, el autor recoge estas observaciones de Fulton Sheen para recordarnos las tres heridas que originan la desesperación moderna.
Primer mal
"Dios ha muerto. En otras palabras, ya no nos queda nada en este mundo excepto el mundo mismo. Si existe alguna esperanza, está en la tecnología y la ciencia".
"Ya no habrá pobreza. Pero tampoco existe algo como la culpa. O el pecado. Solo tenemos que ocuparnos de los problemas sociales. Esta es una de las imágenes más desesperanzadoras del mundo moderno".
Segundo mal
"La segunda [causa de desesperanza] es la violencia, que nos afecta a todos (…) Voy a escoger solo una de sus formas: las guerras modernas. Y lo terrible de las guerras modernas es que involucran cada vez menos a los soldados que las combaten y afectan cada vez más a los civiles".
"Podríamos continuar con los robos, los asaltos, los asesinatos y tantas otras cosas, pero esto demuestra que los civiles y quienes no participan en los combates están cada vez menos protegidos frente a la violencia y la destrucción".
Tercer Mal
"Una tercera fuente de… desesperanza en nuestro mundo moderno es lo que podríamos llamar la desesperanza que surge de la ciudad secular. La ansiedad del hombre moderno en la civilización contemporánea. Sus miedos. Sus temores. Su neurosis, su psicosis. Su soledad. Es un errante sobre la tierra".
Entonces, "si sumamos estas tres cosas —un mundo en el que la ciencia es la única esperanza y no existe la culpa; la violencia; y el secularismo—, tenemos la desesperanza en la que todos estamos inmersos".
¿El mundo contemporáneo vive como Caín?
Fulton Sheen relacionó estos males con el relato de Caín y Abel.
"Caín fue quien dijo, en la práctica: 'Dios ha muerto'. ¿Por qué? Se negó a reconocer su culpa. 'No hay culpa', dijo. 'No hay juez'… ¡No quiso admitir que era responsable ante alguien más! Había una mancha en su alma que necesitaba ser lavada".
Aquí está el primer mal, y el segundo se deduce del primero:
"Era un hombre con un garrote. En cuanto Dios muere, el prójimo muere. Es la consecuencia lógica", señala. Y el garrote "se convirtió en un arma de fuego. Se convirtió en hidrógeno. Se convirtió en nitrógeno. Se convirtió en misiles intercontinentales. Y la violencia ha continuado desde aquel garrote de Caín hasta nuestros días".
Y al final, Caín se convirtió en un errante.
"Estaba aterrorizado y tenía miedo. Cuando Dios le dijo: '¿Dónde está tu hermano Abel?', él respondió: 'Vaya donde vaya, los hombres me matarán'. Tenía miedo de la venganza… Interesante, ¿verdad? Lo que temía era algún tipo de ira que pudiera caer sobre él".
"Ansiedad. Inquietud en la ciudad secular. Se marchó a la tierra de Nod… Se volvió inquieto, como el hombre moderno. Cuando le dijo a Dios: 'Tengo miedo'… Dios respondió: 'Pondré una señal sobre ti, para que nadie tome venganza contra ti'".
La solución del mundo moderno pasa por la elección que se haga: o se sigue el camino que inició Caín o se imita a Abel, el justo, y se reconoce la Esperanza que nos ofrece Jesucristo.
Este artículo fue publicado originalmente en National Catholic Register.
