Carta a Diogneto: el mensaje de los primeros cristianos para católicos de nuestro tiempo

Carta a Diogneto
Créditos: Wikipedia

La carta a Diogneto es un increíble documento del cristianismo antiguo que fue escrito hacia finales del siglo I, en tiempos de persecución a los cristianos. Allí, el escritor anónimo de esta epístola le cuenta a un tal “Diogneto” la forma de vida ejemplar de los seguidores de Cristo.

Describe la transformación moral que produce el cristianismo, la pureza de las nuevas costumbres y la caridad de estos primeros cristianos.

Sin embargo, la carta a Diogneto nos deja un mensaje más importante: cómo eran y como deben ser los cristianos en un mundo que los desprecia.

Por ello, en una sociedad que cada vez se aleja más de Cristo, esta carta puede ayudarte a renovar tu fe e inspiración para vivir con coherencia el Evangelio.

¡Esperamos que te sirva!

Extractos de la Carta a Diogneto

“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres.

Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.

Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos.

Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo.

Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.

Los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo.

El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo.

El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian.

El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar”.

¡Es la descripción más hermosa de la vida cristiana! Esperamos que la Carta a Diogneto te inspire para seguir los pasos de Cristo.

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