Un sacerdote católico de 36 años, conocido por sus iniciativas en favor de la paz en la República Centroafricana, fue asesinado por unos hombres armados tan solo un día después de bautizar a 175 personas.

El padre Crépin Martial Monga, vicario de la parroquia de San Juan Bautista en Zémio, en la diócesis de Bangassou, fue asesinado a tiros el lunes 29 de junio cuando regresaba a la residencia parroquial.

ACI África informa que el ataque se produjo alrededor de las 18:40 (hora local) en la carretera que une un puesto de control de las Fuerzas Armadas de la República Centroafricana con la casa parroquial.

Unos hombres armados abrieron fuego contra su vehículo; el padre Monga recibió un disparo en la cabeza y murió en el acto.

Hasta el momento, ningún grupo se ha atribuido el asesinato y las autoridades no han identificado a los responsables. Organizaciones de derechos humanos citadas por ACI Africa han instado al gobierno a proteger a la población civil y a garantizar una investigación exhaustiva.

Un día antes: 175 bautismos, en su mayoría de personas desplazadas

Según ACI Africa, apenas unas horas antes de su muerte, el padre Monga se encontraba totalmente inmerso en su labor pastoral.

El domingo 28 de junio, administró el sacramento del bautismo a 175 candidatos, entre ellos 160 cristianos desplazados que fueron alojados temporalmente en Zapay del 27 al 29 de junio debido a la violencia en curso.

A la mañana siguiente, el 29 de junio, acompañó a los recién bautizados a las orillas del río Mbomou, en un último gesto de cercanía y atención antes del ataque que se produjo esa misma noche.

Esa visita al río con los recién bautizados fue su último acto pastoral antes de ser asesinado.

“Incansable artífice de la paz” y defensor de los más vulnerables

ACI África señala que el padre Monga era ampliamente reconocido como un hombre de paz, profundamente comprometido con la reconciliación en una región marcada por un conflicto prolongado.

Coordinaba el Comité Local para la Paz y la Reconciliación en Zémio, trabajando para promover el diálogo, la cohesión social y la sanación entre comunidades divididas por la violencia.

Los líderes eclesiásticos y los defensores de los derechos humanos han calificado su muerte como una “enorme pérdida” y han instado a los fieles a no desanimarse, sino a continuar con su misión de paz, protección de la población civil y defensa de los más vulnerables.

Comparte