A un mes del devastador terremoto que sacudió Venezuela, la Iglesia Católica sigue acompañando a los más necesitados. Con oración y consuelo, sacerdotes y religiosas llevan esperanza allí donde el dolor aún persiste.
Mientras gran parte del país avanza en la recuperación, en las calles del estado La Guaira, el dolor sigue presente. Sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral recorren las zonas más afectadas bendiciendo, escuchando a quienes han perdido a sus seres queridos y recordándoles que Dios permanece con ellos incluso en medio de la tragedia.
Uno de ellos es el Padre Xulio Ruiz, de la congregación de los Hijos de María Inmaculada, quien camina por las calles impartiendo la bendición de exequias, para encomendar a Dios las almas de quienes han fallecido.
Como muestran los videos compartidos por el periodista venezolano Johan Zapata, la fe también sostiene a quienes participan en las labores de rescate. En medio del agotamiento físico y emocional, un joven se acerca al sacerdote con varias linternas en las manos.
“Padre, padre, bendígame mis herramientas de trabajo", le pide antes de regresar a remover escombros en busca de víctimas.
"No estás sola, Dios está contigo"
Muchas familias continúan buscando los cuerpos de sus seres queridos, aún sepultados entre los escombros. El dolor de la pérdida permanece, pero también la presencia de la Iglesia, que busca ofrecer consuelo a quienes más lo necesitan.
Este es el caso de una mujer que encontró el cuerpo de su hijo entre los restos de un edificio derrumbado.
"Me quedé sola", grita y corre hacia el Padre Ruiz. Lo abraza, le pide una bendición y, entre lágrimas, le dice que quiere irse con su hijo.
Con la voz entrecortada, el sacerdote responde: "No estás sola, Dios está contigo".
Una Iglesia organizada para servir
Desde los primeros días posteriores al terremoto, la Iglesia Católica venezolana movilizó sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos para atender a las comunidades afectadas en La Guaira, El Junquito, Falcón y Caracas.
Además del acompañamiento espiritual, parroquias, seminarios e instituciones eclesiales se convirtieron en centros de acopio y refugios temporales para las personas que lo perdieron todo. Gracias a la colaboración de fieles y benefactores, continúan distribuyendo alimentos, agua, medicinas y artículos de primera necesidad.
"Como Iglesia estamos organizados y ayudando a mucha gente. Las donaciones que nos dan están bien organizadas; le llegan a todo el mundo. A todo el que necesite, se le da", explica la religiosa Gisela Ortega en declaraciones a Johan Zapata.
Sin embargo, subraya que el alimento material no es lo único que necesitan quienes han sufrido esta tragedia. La oración sigue siendo un apoyo fundamental para afrontar el duelo y mantener viva la esperanza.
"Aquí tenemos para rezar. El que quiera venir a rezar, a poner toda la intención en el Santísimo, con el Señor, que nos siga ayudando, ahí está. Dios siempre está con nosotros. Dios nos ama y Dios es amor", expresa la religiosa.
Un mes después del terremoto, cuando la emergencia comienza a desaparecer de los titulares, la presencia de la Iglesia permanece firme entre los escombros y las comunidades afectadas.
