Cumplir 93 años es ya motivo de celebración, pero para las Oblatas de los Corazones Santísimos de Jesús y María fue también una oportunidad para agradecer a Dios por la vida y el “sí” de la Madre Amadita.
En un emotivo video compartido por la comunidad religiosa, las hermanas celebraron esta fecha especial junto a la Madre Amadita. Al compás de una guitarra, le cantaron el tradicional “Feliz cumpleaños” mientras ella recibía con alegría este gesto de cariño.
La religiosa sopló las velas de la torta, que llevaba el número 93, rodeada por sus hermanas de comunidad.
Para las Oblatas de los Corazones Santísimos de Jesús y María, el cumpleaños de la Madre Amadita fue más que una ocasión para festejar. Fue también un momento para agradecer por el don de su vida consagrada y por tantos años vividos como respuesta al llamado de Dios.
“Su vida de oblación es un regalo para Dios, para nuestra Congregación y para quienes tenemos la gracia de compartir el camino con usted. Que el Señor siga haciendo fecunda su entrega y que los Corazones Santísimos de Jesús y de María sostengan cada día su ‘sí’”, expresó la comunidad en el mensaje dedicado a la religiosa.
Celebrar cada etapa de la vida
En otra publicación, las religiosas compartieron fotografías de la Madre Amadita con motivo de su cumpleaños. En el texto que acompañaba las imágenes, señalaron que la fraternidad también se manifiesta en la capacidad de reconocer y agradecer la historia de cada persona, especialmente en las distintas etapas de su vida.
“Un signo de fraternidad es celebrar la vida en todas sus etapas: agradecer la historia compartida, reconocer la entrega de cada día y hacer sentir al otro que su presencia es un don”.
Las religiosas destacaron que celebrar la vida de un hermano es una manera concreta de hacerle saber cuánto vale su presencia en la comunidad.
“Celebrar la vida del hermano es decirle, con gestos sencillos: ‘Tu vida importa, tu historia tiene valor y damos gracias a Dios porque caminas junto a nosotros’”, expresaron.
Finalmente, las Oblatas señalaron que, cuando existe una verdadera fraternidad, “la vida del otro también se convierte en motivo de fiesta y gratitud”.
A sus 93 años, la Madre Amadita recibió así el cariño de su comunidad, que quiso agradecer a Dios por su vida y por el “sí” con el que continúa respondiendo a su vocación
