Hace diez años, el centro de Italia fue golpeado por dos terremotos devastadores. Pero bajo los escombros de una iglesia destruida, un sagrario albergaba un hallazgo que muchos católicos consideraron una poderosa señal de esperanza: 40 Hostias consagradas, que seguían intactas más de un año después.

El 24 de agosto de 2016, un potente terremoto de magnitud 6,2 sacudió el centro de Italia, causando la muerte de casi 300 personas y provocando daños catastróficos en varias localidades. Posteriormente, el 30 de octubre, un sismo de magnitud 6,6 volvió a devastar la región, destruyendo viviendas, edificios históricos e iglesias.

Entre los lugares que sufrieron graves daños estaba la iglesia de Santa María Assunta —Nuestra Señora de la Asunción— en Arquata del Tronto.

El segundo terremoto provocó el derrumbe de la iglesia, cuyos objetos litúrgicos fueron recuperados y trasladados a un lugar de almacenamiento. Sin embargo, durante más de un año, el sagrario de la iglesia en ruinas permaneció cerrado con llave entre los objetos rescatados. 

Entonces, en febrero de 2018, el Padre Angelo Ciancotti, de la catedral de Ascoli Piceno, ayudó a recuperar y abrir el tabernáculo.

Lo que encontró en su interior le dejó atónito.

El copón cayó durante el terremoto, pero la tapa permaneció en su sitio. En su interior había 40 Hostias consagradas que se conservaron a pesar de permanecer enterradas tras la catástrofe durante 16 meses.

Según las informaciones de la época, las Hostias no presentaban signos visibles de moho ni deterioro bacteriano. Su color, forma e incluso olor parecían inalterados.

El Padre Ciancotti afirmó que las Hostias “parecían haber sido elaboradas el día anterior”.

El sacerdote, que ayudó a recuperar los objetos litúrgicos de entre los escombros debido a sus estrechos vínculos con Arquata, preguntó a las religiosas que habían elaborado las Hostias si habían utilizado algún tipo de conservante.

No lo habían hecho.

“Solo harina y agua”, le respondieron.

El hallazgo provocó una profunda emoción entre los miembros de la Iglesia local, especialmente en una comunidad que aún lloraba la devastación y las pérdidas causadas por los terremotos.

El obispo Giovanni D’Ercole, de Ascoli Piceno, respondió con cautela, afirmando que “la fe exige prudencia”. Sin embargo, también calificó el hallazgo como “un signo de esperanza para todos”.

“Nos dice que Jesús también sufrió el terremoto como todos los demás”, afirmó el obispo D’Ercole, “pero ha salido con vida de entre los escombros”.

Para el Padre Ciancotti, las Hostias conservadas eran algo más que un hecho insólito. Las calificó de recordatorio del lugar central que ocupa la Eucaristía en la vida cristiana.

“Sí, para mí es un milagro»” declaró al diario italiano Il Resto del Carlino. “Obviamente, quienes no tienen fe no son capaces de creer en nada, pero nunca ha habido ningún tipo de manipulación. El Señor ha hecho todo esto por sí mismo”.
“Jesús nos está diciendo —concluyó—: ‘Estoy entre vosotros. Confiad en mí’”.

Tanto si se describe como un milagro Eucarístico como si se considera un acontecimiento extraordinario e inexplicable, el hallazgo sigue siendo un testimonio conmovedor procedente de las ruinas de Arquata del Tronto: Cristo no estuvo ausente en medio del sufrimiento de su pueblo.

Incluso después de que la tierra temblara, la iglesia se derrumbara y toda una comunidad quedara herida, el Señor Eucarístico permaneció allí.

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