Hay episodios de la vida de los santos que atraviesan los siglos. No solo han quedado registrados en documentos, sino que se convierten en parte de la memoria espiritual de un pueblo. Uno de ellos es la llamada “defensa de Lima”, que tuvo lugar en 1615 y está vinculada a la intercesión de Santa Rosa de Lima, cuando la ciudad peruana fue amenazada por una expedición naval neerlandesa.
La tradición recuerda este episodio como una muestra de la confianza de Rosa en Dios. No empuñó una espada ni dirigió ejércitos, su “arma” fue la oración.
Lima amenazada
El corsario neerlandés Joris van Spilbergen recorría las costas del Pacífico con una poderosa escuadra. Su expedición había atacado diversos puntos de la costa sudamericana y constituía una amenaza real para los dominios españoles en el Pacífico.
La alarma llegó a Lima cuando la escuadra se aproximó al Callao, el principal puerto de la capital. Las fuerzas enviadas para detenerlo habían sido derrotadas en el combate naval de Cerro Azul, por lo que un desembarco y un posible saqueo de la capital era inminente. La ciudad se llenó de miedo y muchos pensaron en escapar, sin embargo, en medio de esta situación, una joven limeña de veintinueve años: Isabel Flores de Oliva, conocida como Rosa, decidió responder de otra manera.
Rosa era una terciaria dominica dedicada a una intensa vida de oración, penitencia y servicio. Según la tradición, al conocerse la amenaza reunió a otras mujeres para orar por la salvación de Lima en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, vinculada al convento dominico.
Mientras la ciudad se preparaba para la defensa, Rosa comprendió que también había una batalla espiritual que librar. No se necesitaban solo las armas para defender el puerto, sino que reconoció que, para el que tiene fe, incluso aquello que está fuera de sus posibilidades puede ser puesto delante de Dios.
Defender a Cristo antes que defenderse a sí misma
Uno de los elementos más conmovedores de este evento es que, ante la posibilidad de que los invasores profanaran el templo y el Santísimo Sacramento, Rosa se ofreció a protegerlo con su propio cuerpo. Las narraciones cuentan que se preparó para permanecer junto al altar y defender la Eucaristía aun a costa de su propia vida. Este gesto expresa lo que significaba Jesús para Rosa: era más precioso que su propia existencia.
El momento decisivo en el Callao
El 21 de julio de 1615, Spilbergen llegó a las proximidades del Callao. Lima estaba preparada para resistir y los habitantes se encontraban en estado de alarma. Sin embargo, el desembarco nunca ocurrió. La historia señala que Spilbergen llegó a la bahía el 21 de julio y que, después de permanecer frente al puerto, decidió continuar su navegación hacia el norte.
La interpretación de este desenlace como un milagro atribuido a la oración de Rosa pertenece a la tradición espiritual que se desarrolló alrededor de la santa. Con el tiempo, el episodio quedó ligado a su imagen como protectora de Lima.
Rosa, la “muralla” espiritual de Lima
Para la tradición limeña, la ciudad no se salvó únicamente por sus defensas militares, sino fue una respuesta de Dios a la oración. La Iglesia ha conservado la frustrada invasión de 1615 entre los hechos milagrosos asociados a la vida de Santa Rosa.
Con el tiempo, la literatura religiosa y la tradición artística comenzaron a representar a Santa Rosa como una especie de muralla espiritual de Lima. Algunas imágenes incluso la muestran con un ancla. Este símbolo es hermoso: el ancla mantiene firme una embarcación cuando las aguas están agitadas, así mismo, Rosa es un alma que permanece firme cuando todo parece estar a punto de naufragar. En el caso de la defensa de Lima, Dios se sirvió de una joven llena de fe para llevar adelante sus designios.
Santa Rosa de Lima murió en 1617, apenas dos años después de aquellos acontecimientos, a los treinta y un años. Su fama de santidad se extendió rápidamente después de su muerte. Fue beatificada por Clemente IX en 1668 y canonizada por Clemente X en 1671, convirtiéndose en la primera santa nacida en América.
