La Memoria Opcional de San José Obrero se celebra el 1 de mayo. A propósito de esta fecha, vale la pena reflexionar sobre la piadosa creencia de que, al igual que Nuestra Señora, San José habría sido llevado al cielo en cuerpo y alma, lo que algunos denominan la “asunción de San José”.

Algunos grandes santos, Doctores de la Iglesia y otras figuras eminentes han hablado y enseñado sobre ello.

San Bernardino de Siena y el Beato Bernardino de Bustis

Uno de esos santos es San Bernardino de Siena, quien fue el predicador más destacado de toda Italia a principios del siglo XV. Quizás su nombre no nos resulte familiar, pero debido a su gran devoción por el Santo Nombre de Jesús, Bernardino popularizó el conocido símbolo del nombre de Jesús utilizando las tres primeras letras griegas de su nombre: IHS.

“Podemos piadosamente creer, mas no asegurar, que el Santísimo Hijo de Dios coronó a su padre adoptivo con el mismo privilegio que le dio a su madre; que así como la llevó al cielo en cuerpo y alma gloriosa, así también el día en que Él [Jesús] resucitó, se llevó a José con él a la gloria de la Resurrección”.
Y añadió: “a fin de que así como aquella santa familia, a saber, Cristo, María y José, vivieron juntos en la tierra una vida laboriosa y en conforme gracia, así con amorosa gloria reinen en el cielo en cuerpo y alma”.

Cuando el santo predicaba en Padua que San José estaba en el cielo, en cuerpo y alma, se registró que apareció sobre su cabeza una cruz de oro que brillaba intensamente, considerada por quienes lo rodeaban como una prueba visible de la verdad de lo que estaban escuchando.

Otro de nombre similar, el beato Bernardino de Bustis, fue testigo de este acontecimiento extraordinario y también sostuvo con firmeza que San José resucitó junto a Jesús y se encuentra en el cielo, en cuerpo y alma.

Jean Gerson

Al mismo tiempo, Jean Gerson, entonces canónigo de la catedral de Notre Dame de París, compartía la misma opinión que San Bernardino de Siena.

Durante ese período, también pedía constantemente la ayuda de San José en el Concilio de Constanza, que se ocupaba del Gran Cisma de Occidente.

San Francisco de Sales

Más adelante, el Doctor de la Iglesia, San Francisco de Sales, ofreció un conmovedor sermón sobre este tema durante una serie de conferencias espirituales que impartió.

En la conferencia número 19, San Francisco de Sales afirmó:

“Jamás podremos dudar ni por un momento de que este glorioso santo (José) tiene gran influencia en el cielo con Aquél que lo llevó allí en cuerpo y alma, ¡un hecho más que probable ya que no se tiene ninguna reliquia de ese cuerpo aquí abajo! Me parece que nadie podría dudar de que esto sea cierto porque ¿cómo podría negarle esta gracia el que le fue tan obediente a San José durante toda su vida?”.

Después de describir lo que podría haberse dicho durante el reencuentro de Jesús y San José en el limbo, como él denominaba el lugar donde aquellas almas justas y santas esperaban hasta la resurrección de Jesús, Francisco de Sales continuó diciendo:

“Si es cierto, como estamos obligados a creer, que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos, nuestros cuerpos volverán a la vida el día del juicio, ¿cómo podríamos dudar de que Nuestro Señor elevó al cielo, en cuerpo y alma, al glorioso San José? Porque él tuvo el honor y la gracia de llevarlo tan a menudo en sus benditos brazos, aquellos brazos en los que Nuestro Señor se gozó tanto”.

Este gran Doctor de la Iglesia lo deja extraordinariamente claro al exclamar:

“Es pues indudable que San José está en el cielo en cuerpo y alma”.

San Juan XXIII

Avancemos unos siglos. En una homilía de 1960, San Juan XXIII dijo: “Así piadosamente lo podemos creer” que San José también está en el cielo, en cuerpo y alma. 

San Leonardo de Porto Maurizio

Y lo mismo hicieron otros santos. El gran predicador del siglo XVIII, San Leonardo de Porto Maurizio, fue otro de ellos. Gran defensor de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, también creía y explicaba por qué San José estaba, al igual que su esposa, en el cielo, en cuerpo y alma. 

Los sabios dan razones

Los santos y beatos no sostenían esta creencia sin fundamento; ofrecían razones acompañadas de un profundo sentido espiritual. Una de ellas es evidente: no existen reliquias corporales de San José. Nadie ha afirmado jamás haber poseído alguna.

En su famoso sermón sobre San José, Bernardino ofreció más de una razón. Dijo: 

“Porque está escrito (Mateo 27,52): ‘y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron’. Según san Jerónimo, esto ocurrió en la Resurrección del Señor, porque Él es ‘el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra’, como leemos en Apocalipsis 1,5”.

Y continuaba:

“Digo que estas almas resucitaron con Cristo como prueba de su Resurrección. Esto lo afirma claramente Mateo (27,52-53) cuando dice: ‘Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos’. Podemos creer piadosamente que entre estos resucitados se encontraba el santísimo José”.

En su libro Consagración a San José, el padre Donald Calloway, de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción, reflexiona sobre lo que creían Bernadino y otros santos.

“Sin duda tiene sentido que San José hubiese estado entre ese número”.
“Si la gente resucitó de la muerte cuando Jesús murió - un hecho que está claramente afirmado en el pasaje del Evangelio de Mateo - ¿no habría sido San José uno de ellos? ¿Por qué Nuestro Señor habría resucitado a otros de la muerte y dejado a su propio amado padre en la tumba? San José es más grande que todos los profetas del Antiguo Testamento, incluyendo a San Juan Bautista”.

Al mencionar que muchos santos creían que San José fue llevado al cielo del mismo modo que su esposa, el padre Donald Calloway continúa:

“Tiene mucho sentido si uno lo piensa bien… Si Jesús elevó al cielo el cuerpo de su madre, ¿por qué no habría de hacerlo por el de su amado padre? ¿Qué hijo, teniendo el poder divino, llevaría el cuerpo de su madre al cielo dejando el de su padre en una tumba?”.

A continuación, el padre Calloway añadió una reflexión de una belleza magnífica para la “especulación” y la “meditación deliciosa”, basada en las palabras de Mateo (27, 52-53), al señalar que, si San José hubiera sido uno de los santos que resucitaron de entre los muertos en la Resurrección y se aparecieron a muchos en Jerusalén, “¿a quién habría ido a ver con toda seguridad? ¡A su esposa, por supuesto!... ¡Imagina la dulce reunión, el abrazo casto y lleno de lágrimas!”.

La intercesión ilimitada de San José

Es como si San Francisco de Sales hubiera tenido esto mismo en mente durante aquella conferencia espiritual sobre San José. Después de exponer las razones que ya hemos visto y añadir aún más argumentos sobre la presencia de San José en el cielo, en cuerpo y alma, continuó describiendo con entusiasmo lo que podemos esperar de la devoción a él y de su intercesión por nosotros.

San Francisco de Sales exclamaba con entusiasmo:

“¡Oh, cuán felices seríamos si pudiéramos merecer participar de su santa intercesión! Porque nada le será negado, ni por Nuestra Señora, ni por su glorioso Hijo.
Él nos obtendrá, si confiamos en él, un crecimiento santo en todo tipo de virtudes, pero especialmente en aquellas que hemos descubierto que él poseía en mayor grado que cualquier otro, que son la santísima pureza de cuerpo y mente, la virtud más amable de la humildad, la constancia, el valor y la perseverancia; virtudes que nos harán victoriosos sobre nuestros enemigos en esta vida, y nos harán merecedores de la gracia de ir a disfrutar en la vida eterna de la recompensa preparada para aquellos que imiten el ejemplo dado por San José mientras estuvo en esta vida, una recompensa que no será otra cosa que la felicidad eterna, en la que disfrutaremos de la visión clara del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Es evidente que podemos creer con fe que San José ya está, en cuerpo y alma, junto a su Hijo adoptivo, Jesús, y a su esposa María.

Este artículo se publicó originalmente en el National Catholic Register y ha sido adaptado para ChurchPOP.

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