¿Te has distraído alguna vez durante la Misa? ¿Has mirado el reloj o has sentido que la homilía no te decía nada? Aunque estas situaciones pueden afectar nuestra participación, el P. Javier Bailén señala que existe un error mucho más profundo: vivir la Misa como si fuéramos simples espectadores.
En una reflexión compartida en video, el sacerdote invita a los fieles a preguntarse desde qué actitud participan en la Eucaristía. Porque, aunque es importante procurar estar atentos, participar de la Misa va mucho más allá de evitar las distracciones.
Para el P. Bailén, uno de los mayores errores es acudir a Misa como quien asiste a un espectáculo.
“Mucha gente piensa que el peor error en la Misa es mirar el reloj, o despistarse, o llegar 5 minutos tarde. Y sí, tienes razón, eso no ayuda nada. Pero hay un error mucho más grande: ir a Misa como si fueras un espectador, como si estuvieras en un espectáculo, esperando que el coro te emocione, que el sacerdote haga una buena homilía o que hoy la Misa me diga algo”.
Pero la Eucaristía no funciona así.
“La Eucaristía no es un espectáculo para consumir, es un encuentro en el que tú también participas. Eres muy importante”, resalta el sacerdote.
El P. Bailén recuerda que durante la Misa no vamos simplemente a escuchar o a mirar el altar, sino que estamos llamados a responder, ofrecer y poner nuestra propia vida en manos de Dios.
Esta perspectiva puede cambiar por completo la manera de vivir la Eucaristía. La Misa deja de ser algo que simplemente observamos y se convierte en un encuentro en el que estamos llamados a involucrarnos con todo lo que somos.
Llevar nuestra vida al altar
El sacerdote invita también a prestar atención al momento en que se presentan el pan y el vino, y a recordar que, junto con estas ofrendas, podemos presentar también nuestra propia vida.
“Cuando el sacerdote presente el pan y el vino… ahí deberían estar también tus alegrías, tus preocupaciones, tus heridas, tu familia, tu trabajo, tus proyectos, todo. Todo eso es lo que Cristo quiere unir a su entrega”.
Según explica el P. Bailén, existe un cambio de perspectiva fundamental. En lugar de preguntarnos al terminar la Misa: “¿Qué he sacado yo de esta Misa?”, podemos comenzar a preguntarnos: “¿Qué le he entregado hoy a Dios?”
Este cambio nos ayuda a dejar de mirar la Eucaristía únicamente desde lo que recibimos y a descubrir que también estamos llamados a ofrecer.
“La Misa no deja de ser aburrida porque el sacerdote predique mejor; empieza a ser apasionante cuando descubres que no has ido a verla, has ido a vivirla”, concluye.
