La consagración es el corazón de la Misa. A lo largo de la liturgia eucarística seguimos con atención los diferentes momentos de la celebración. Así, cada postura corporal comunica la especial dignidad de lo que allí sucede.

Nos ponemos de pie, nos sentamos, rezamos parados con las manos hacia el cielo, nos saludamos afectuosamente dándonos la paz… Pero, ¿por qué hay que arrodillarse en el momento de la consagración? ¿existe alguna excepción?

Cada postura tiene un sentido: la consagración

Empecemos con la primera pregunta. La Iglesia enseña que cada acto durante la celebración tiene una razón y un sentido.

“La uniformidad de las posturas, que debe ser observada por todos participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes” (Instrucción general del Misal Romano, n°42)

La primera intención en el acto de arrodillarse en la consagración es mostrar humildad. Significa reconocer que somos sencillas criaturas ante el Creador, que somo pequeños ante Dios.

Pero la segunda intención es también muy importante. En ese momento nos arrodillamos porque implica un acto de fe, porque creemos que Cristo está realmente presente allí.

En la consagración, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Entonces,  para honrar el sacrificio de Cristo en la cruz, adoptamos una postura que expresa respeto y adoración.

¿Y si no puedo?

Pues bien, ya mencionamos la norma, ahora señalemos la excepción. En el Misal Romano, la Iglesia indica que las únicas razones para no estar de rodillas durante la consagración son tener algún impedimento de salud o que el lugar resulte muy estrecho para hacerlo.

También es aceptable no arrodillarse si hay un gran número de asistentes que lo impide o por otras causas razonables. Sin embargo, aquellos que no puedan postrarse deberán hacer una inclinación profunda con la cabeza en señal de reverencia.

¡Ahora lo sabes! Cuando estemos arrodillados en el momento de la consagración recordemos que Cristo se destrozó las rodillas cargando la cruz camino al Calvario. Permanecer así, aún en la incomodidad, es una forma de unirnos a su dolor.

Comparte