En medio de una ciudad marcada por la violencia, cientos de católicos caminan cada día con una misma meta: visitar a Jesús Eucaristía. Conoce la impresionante historia de Bamenda, la ciudad que el Papa León XIV visitó durante su viaje papal a África.
Cuando la mayoría de los católicos va a la Adoración Eucarística, lleva sus intenciones: familia, amigos, vocación, sanación y el deseo de hacer la voluntad de Dios. En Bamenda, una ciudad del noroeste de Camerún, los fieles llevan todo eso ante el Santísimo Sacramento… y una súplica urgente más: que los disparos, los secuestros y el derramamiento de sangre a su alrededor finalmente se detengan.
El Papa León visitó esta ciudad golpeada por la guerra el 16 de abril, como parte de su viaje a Camerún. En uno de los momentos más impactantes de su visita, el Pontífice se arrodilló en silencio ante el Santísimo Sacramento, en la capilla de adoración perpetua de la catedral de Bamenda.
Durante años, esta ciudad ha estado en el centro de la “crisis anglófona” de Camerún, un conflicto entre separatistas de habla inglesa y el gobierno central francófono. Soldados patrullan las calles, combatientes separatistas se mezclan entre los civiles y los lunes de “ciudad fantasma” paralizan escuelas y negocios. Salir de casa en esos días puede significar acoso, secuestro o algo peor.
Y, sin embargo, en medio de todo esto, algo hermoso y sorprendente está ocurriendo. Bajo el liderazgo del arzobispo Andrew Nkea, la arquidiócesis de Bamenda está trabajando para que cada parroquia tenga su propia capilla de adoración perpetua.
Un Año de la Eucaristía en una zona de guerra
En noviembre de 2022, el arzobispo Nkea lanzó un “Año de la Eucaristía” local para la arquidiócesis e hizo una petición audaz: que cada parroquia disponga de una capilla de adoración perpetua, un lugar donde Jesús Eucaristía esté expuesto y sea adorado día y noche.
Su objetivo era simple y radical: que los laicos pudieran “reconfortarse en la presencia de su Señor y Maestro en cualquier momento”, incluso en medio de una guerra. En lugar de obligar a las personas a cruzar una ciudad peligrosa para llegar a una sola capilla, el arzobispo quería que Jesús estuviera cerca: en cada barrio, en cada parroquia.

También buscaba enfrentar una tentación espiritual que suele aparecer en tiempos de miedo: recurrir a “otros poderes”, como la brujería, los adivinos o prácticas ocultas. La respuesta, insistía, no es buscar control en lugares oscuros, sino volver a Cristo verdaderamente presente en la Eucaristía.
“No puedes detenerlos”
La respuesta de las parroquias ha sido generosa y heroica. Aunque construir una capilla es muy costoso para los católicos locales, las comunidades han dado un paso al frente con fe. Algunas parroquias han levantado capillas completamente nuevas; otras han transformado garajes o habitaciones antiguas en espacios sencillos pero hermosos de adoración.
Los sacerdotes aseguran que, una vez abiertas, estas capillas no permanecen vacías. Las personas llegan temprano por la mañana y también al final del día. Muchos vienen agotados por la tensión constante, preocupados por sus hijos o llorando a seres queridos perdidos por la violencia.

Lo más impactante es que, en los lunes de “ciudad fantasma” —cuando los separatistas intentan paralizar la ciudad—, algunas capillas están incluso más llenas de lo habitual. Con el trabajo y las actividades detenidas, más personas acuden a Jesús.
Incluso si los combatientes los acosan o amenazan en el camino, los fieles siguen yendo. Un pastor lo resumió así: “Molestan a la gente, pero la gente sigue viniendo. No puedes detenerlos”.
