Una de mis escenas favoritas del cine ocurre durante “Un hombre de dos reinos”, cuando Richard Rich acude a su amigo Santo Tomás Moro para pedirle trabajo.

Rich, joven y ambicioso, desea formar parte del mundo político de Inglaterra como el canciller Moro, y espera que su amigo le abra las puertas. En cambio, el santo lo desafía a convertirse en maestro.

“Si lo fuera, ¿quién lo sabría?”, pregunta Rich.
“Tú. Tus alumnos. Tus amigos. Dios. No es un mal público…”.

Este conmovedor intercambio nos habla de manera muy sencilla y profunda a quienes vivimos en un mundo obsesionado con ser vistos. Incluso cuando hacemos un esfuerzo consciente por poner límites al uso de nuestros teléfonos y a nuestra participación en las redes sociales, es difícil no intentar ser iguales a los “influencers”. 

Parece fácil crear contenido, conseguir seguidores y luego esperar con emoción a que lleguen los “me gusta” y las suscripciones… A menudo me pregunto cuál es la raíz de esta tendencia y, aunque hay muchas razones que podemos señalar, imagino que ser reconocido… incluso amado… es una de ellas.

Aquí es donde entra en escena el libro “La práctica de la presencia de Dios”. 

Escrita por el Hermano Lorenzo de la Resurrección, un carmelita descalzo del siglo XVII, esta breve obra recopila una serie de conversaciones, cartas y máximas espirituales que animan a las personas a “practicar la presencia de Dios”. 

Más de 300 años después, esta pequeña joya sigue animándonos a esta práctica y, quizás más que nunca, es justo lo que necesitamos en un mundo obsesionado con los influencers.

Aquí hay tres razones:

1) Nos recuerda que estar con Dios puede ser algo simple 

El Hermano Lorenzo dice:

“La presencia de Dios es la orientación de nuestra mente hacia Dios, o el recuerdo de Dios como presente. Puede realizarse tanto mediante la imaginación como mediante el entendimiento”. 

Luego describe esta práctica con varios nombres:

Es “un acto simple”, “un conocimiento claro y distinto de Dios”, “una mirada vaga, general y amorosa hacia Dios”, “un recuerdo de Dios”, “atención a Dios”, “una conversación silenciosa con Dios”, “confianza en Dios”, o “la vida y paz del alma”.

Practicar la presencia de Dios no es añadir una devoción más a la lista de tareas espirituales; es estar presentes ante el Dios que ya está presente para nosotros, en todo lugar y siempre.

2) Una enseñanza para cualquier persona 

El hermano carmelita, buscado por su fama de santidad, escribe a hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos y laicos. Sus enseñanzas y consejos eran aplicables entonces y continúan siéndolo hoy para —literalmente— todos los estilos de vida.

Ya sea que estés lavando los platos y doblando la ropa, preparando homilías y dirigiendo retiros, o creando presentaciones y entregando reportes de gastos, el Hermano Lorenzo te está escribiendo a ti.

3) Solo Dios puede llenar el deseo profundo de ser vistos

Mientras algunas prácticas cristianas buscan alcanzar ciertos objetivos en la vida espiritual (por ejemplo, volverse más disciplinado, entrar más fácilmente en un estado contemplativo o crecer en el conocimiento de los escritos de los santos), esta práctica es simplemente un fin en sí mismo: estar con Dios porque Él te ama.

El Hermano Lorenzo nos recuerda que no tenemos que ganarnos Su amor; Él ya nos ama, y podemos descansar cada vez más en ese amor, desde ahora y hasta la eternidad. Algunos están llamados a ser jefes de Estado, y otros a lograr grandes cosas mediante redes sociales.

Todos nosotros, sin embargo, somos amados y vistos por Dios; Él es nuestra audiencia, quien nos afirma con su “me gusta” y nuestro entusiasta suscriptor.

Y Él nos invita, a su vez, a consumir Su contenido… a llenarnos de Su presencia, Su paz y Su alegría, y a permitir que nos influya de tal manera que nuestras vidas sean verdaderamente plenas. Entre todas las audiencias que podríamos reunir ante nosotros, Dios no es una mala audiencia para tener.

A partir del 8 de junio, encuentra el análisis de “La práctica de la presencia de Dios” en inglés en el podcast Catholics Classics de Ascension, disponible en la aplicación de Ascension y en el canal de YouTube Catholic Classics.

Comparte