Durante más de un siglo, la obra maestra de San Luis María Grignion de Montfort, el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, permaneció completamente oculta y misteriosamente escondida.

Aunque el santo escribió el libro a inicios del siglo XVIII, no fue sino hasta 1842 que un bibliotecario de la casa madre de los Padres Montfortianos en Saint-Laurent-sur-Sèvre, Francia, descubrió el manuscrito.

¿Fue “Verdadera devoción a María” hallada por casualidad o por Divina providencia?

Todo indica que fue lo segundo.

El propio San Luis había profetizado que su libro sería objeto de ataques feroces y permanecería oculto por obra de Satanás, quien intentaría suprimir cualquier medio para difundir la “verdadera devoción” a la Virgen.

San Luis María de Montfort escribió estas palabras proféticas:

“Preveo claramente que muchas bestias rugientes llegan furiosas a destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo, o sepultar, al menos, estas líneas en las tinieblas o en el silencio de un cofre a fin de que no sea publicado.
Atacarán, incluso, a quienes lo lean y pongan en práctica. Pero ¡qué importa! ¡Tanto mejor!
¡Esta perspectiva me anima y hace esperar un gran éxito, es decir, la formación de un gran escuadrón de aguerridos y valientes soldados de Jesús y de María, de uno y otro sexo, que combatirán al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida en los tiempos –como nunca peligrosos– que van a llegar!” (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 114).

Las palabras proféticas de San Luis se cumplieron efectivamente más de un siglo después.

A pesar de su muerte en 1716, su obra y misión perduraron. Durante la Revolución Francesa en la década de 1790, las autoridades civiles registraron minuciosamente los archivos y documentos de los Misioneros de la Compañía de María en la casa madre de Saint-Laurent-sur-Sèvre, la orden fundada por San Luis.

Para evitar la confiscación o destrucción de textos importantes, los misioneros confiaron muchos manuscritos a campesinos locales para su resguardo y protección. Estos fueron enterrados en antiguos baúles y cofres de madera bajo tierra en granjas cercanas.

Y así, durante mucho tiempo, el tesoro de San Luis de Montfort —el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen— permaneció oculto y olvidado.

No fue sino hasta después de la Revolución que los libros y manuscritos fueron hallados y devueltos a la biblioteca de los misioneros. Tras más de 100 años, el 22 de abril de 1842, el bibliotecario de la casa madre, el padre Rautureau, encontró por casualidad el antiguo y deteriorado manuscrito.

Como relató el sacerdote:

“Después de leer unas cuantas páginas… lo cogí, con la esperanza de que me resultara útil para preparar un sermón sobre Nuestra Señora. Por casualidad, leí el pasaje en el que habla de su Compañía de María.
Reconocí el estilo y las ideas de nuestro venerable fundador, así como su forma de dirigirse a sus misioneros, y a partir de ese momento no me quedó ninguna duda de que el manuscrito era suyo. Se lo llevé a nuestro superior, quien identificó la letra”.

Después de verificar el sello oficial y la caligrafía del fundador de la Compañía, el superior general de ese momento anunció con alegría: “¡Hemos encontrado un tesoro!”.

El libro fue publicado con éxito en 1843 y desde entonces ha perdurado a lo largo de los siglos.

Como afirmó San Juan Pablo II, la obra de San Luis estaba “destinada a convertirse en un clásico de la espiritualidad mariana”.

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