A veces, lo que pretende destruir a una comunidad solo sirve para afianzarla aún más en el amor.
Cuando en septiembre de 2026 se dio a conocer la noticia de que una querida cruz situada en la cima de una colina, en los terrenos de las Hermanas Marianas de Santa Rosa, había sido vandalizada y derribada, la pérdida se sintió profundamente en toda la Diócesis de Santa Rosa (Estados Unidos) .
Para los alumnos de Cardinal Newman High School y de St. Rose Catholic School, este símbolo en la colina era un punto de referencia que los acompañaba en su camino diario a clases.
Sin embargo, la verdadera fe es inquebrantable.

En lugar de quedarse lamentando los daños, los estudiantes de la zona se hicieron cargo de la restauración. Organizaron actividades para recaudar fondos y motivaron a benefactores locales, como la empresa Lind Marine, a colaborar en la creación de un nuevo monumento. Así, convirtieron una tragedia en una cruzada de esperanza.
El 14 de octubre, esa esperanza adquirió una belleza conmovedora. Un grupo de jugadores del equipo de fútbol americano de Cardinal Newman High School levantó la nueva cruz y la llevó paso a paso hasta la cima de la colina, acompañado por el obispo Robert F. Vasa, de la Diócesis de Santa Rosa; las Hermanas Marianas de Santa Rosa, y generosos feligreses de la zona.

En la cima de la colina, mientras la cruz volvía a alzarse hacia el cielo, el obispo Vasa recordó a los presentes la verdad eterna que daba sentido a todo aquel esfuerzo:
“La cruz, sin embargo, permanece; el amor de Cristo permanece”.
Un acto que pretendía destruir terminó mostrando el corazón vibrante y perseverante de la joven Iglesia de Santa Rosa, demostrando que la luz siempre prevalece y que el amor siempre encuentra la manera de mantenerse en pie.
