Una de las oraciones más poderosas sobre la faz de la Tierra es la Coronilla de la Divina Misericordia.

Esto se aplica especialmente a los moribundos.

Nuestro Señor le dijo una vez a Santa Faustina estas palabras:

"Hija mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan... Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso". (Diario de Santa Faustina, 1541)

¡Qué promesa tan asombrosa hecha por Nuestro Señor! ¡Se interpondrá entre la persona moribunda y su Padre como el Salvador misericordioso!

Permítanme compartir con ustedes una conversación que tuve una vez y cómo se relaciona con la vida de Santa Faustina en lo que respecta a rezar la coronilla por los moribundos.

Hablé con una enfermera que dijo que había rezado la Coronilla de la Divina Misericordia con uno de sus pacientes moribundos.

Mientras oraba, sintió que algo "pasó" rápidamente a su lado y salió de la habitación. Este testimonio me dejó impactado, en parte por la historia en sí, pero también porque recuerda a un relato similar de Santa Faustina.

Faustina, la gran santa de la Divina Misericordia, relató una experiencia similar durante su vida. Sin embargo, lo que hizo diferente la experiencia de Santa Faustina es que vio lo que sucedió detrás de escena, más allá del velo en el ámbito de lo sobrenatural.

Santa Faustina lo describe en sus escritos. Nuestro Señor le dijo:

"Hija mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante; reza por él esta coronilla que te he enseñado".

Faustina luego declaró:

"Al empezar a rezar la coronilla, vi a aquel moribundo entre terribles tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como impotente ante la gran miseria de aquella alma; una multitud de demonios estaba esperando aquella alma. Mientras rezaba la coronilla, vi a Jesús tal y como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron en pánico. El enfermo expiró sereno. Cuando volví en mí, comprendí la importancia que tienes esta coronilla rezada junto a los agonizantes, ella aplaca la ira de Dios". (Diario de Santa Faustina, 1565)

Como si este episodio no fuera suficiente para convencernos de rezar la Coronilla por la persona moribunda, Nuestro Señor añadió también esta promesa:

"Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón". (Diario de Santa Faustina, 811)

Estas promesas, simplemente, son enormes y sorprendentes.

Dado que rezar esta coronilla toma aproximadamente entre 5 y 7 minutos, es una obra de misericordia maravillosa y que da vida, al alcance de todos.

Dejémonos convencer a través del testimonio de Santa Faustina, secretaria de la Misericordia de Dios, de que una de las cosas más grandes que podemos hacer por una persona que está muriendo es rezar la Coronilla de la Divina Misericordia por ella.

La misericordia de Dios es asombrosa. Él quiere a todos sus hijos en casa con Él, sin importar cuán oscuros sean sus pecados ni cuántos demonios los esperen.

Él mismo le dijo a Santa Faustina que "cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia".

Con todo el ánimo que puedo expresar, te exhorto: la próxima vez que escuches que alguien está muriendo, especialmente alguien cercano a ti, tómate entre 5 y 7 minutos y reza la coronilla por esa persona. Ayuda al Señor a salvarla.

Qué cosa tan maravillosa es cooperar en conducir un alma a la vida eterna en la casa del Padre, hacer huir a los demonios cuando se manifiestan los rayos de la Divina Misericordia.

Terminemos con esta oración, tomada de los labios de Santa Faustina:

“Oh Jesús, inspira las almas a rezar frecuentemente por los agonizantes” . (Diario de Santa Faustina, 1015)
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