Con solo 17 años, Marco Gallo amaba el deporte, la amistad y, sobre todo, a Dios. La vida de este adolescente italiano aparentemente común, hoy conmueve a muchos y podría llevarlo a los altares por su testimonio de fe.
Cuando el Siervo de Dios Marco Gallo falleció a los 17 años, llevaba en su billetera una imagen de la Virgen de Medjugorje, una foto suya de niño comiendo un sándwich de Nutella, cinco euros y una nota que contenía una “promesa”:
“Hoy prometo que —con un deseo inmenso y una fuerza inquebrantable, como si este fuera el último día de mi vida y yo estuviera eligiendo a quién dedicar mi día y mi vida— me abriré a la búsqueda del Misterio, con discernimiento y respeto por todo lo que la realidad ponga delante de mí, aunque se muestre arduo. Solo del Misterio dependo”.
Un adolescente “común” que vivió una vida breve, pero llena de sentido. Apasionado por los deportes y las montañas, Marco leía la Biblia diariamente, recibía los sacramentos con frecuencia y siempre estaba dispuesto a ayudar a quienes más lo necesitaban, principalmente a los que estaban solos.

Por su testimonio y virtudes, el obispo de Milán, Mons. Mario Delpini, abrió el proceso de beatificación del joven italiano el pasado 7 de marzo de 2026.
Nacido en Chiavari, Italia, el 7 de marzo de 1994, Marco creció en una familia católica muy devota. Tenía dos hermanas y sus padres participaban en el movimiento eclesial Comunión y Liberación. En 1999 se mudaron a Lecco, donde el joven cursó el resto de la primaria y secundaria, y recibió su Primera Comunión y la Confirmación.
En 2007 comenzó a asistir al Liceo Científico “Don Gnocchi”, donde se convirtió en un referente para sus amigos y compañeros, organizando actividades de voluntariado y ofreciendo tutorías a otros estudiantes.
“Su liderazgo, vivido con una fe gozosa, testimonia a todos que seguir a Jesús es la fuente de la verdadera felicidad”, se lee en el Edicto para la Causa, redactado por el padre Marco Gianola, delegado episcopal para el proceso.
Uno de sus antiguos compañeros de clase destacó que cualquiera se sentía importante en su presencia: “Era como si fueras la única persona en el mundo para él”.
En una entrevista a la revista mariana “Maria con te”, la madre de Marco, Paola Cevasco, señaló que él “amaba la vida, se hacía muchas preguntas y, sobre todo, había encontrado la fuente de la verdadera alegría en su amor por Jesús y por el prójimo”.
El 5 de noviembre de 2011, mientras iba a una clase, Marco fue atropellado por un vehículo y falleció. Sin embargo, la noche anterior ocurrió un hecho significativo: en la pared de su habitación había escrito “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” junto a su cruz de San Damián.
La pared del cuarto de Marco:

Para Paola:
“Esa frase nos ayudó a comprender que mi hijo no se perdió, que no se desvaneció en la nada. No habríamos sobrevivido a su partida si Dios no nos hubiera concedido la fuerza para entender que la muerte no es el final de todo, sino que estamos, en realidad, esperando la verdadera vida”.
El funeral de Marco se celebró el 7 de noviembre de 2011 en la Catedral de Monza, y la familia, anclada en la devoción a la Virgen María, celebra su memoria cada año realizando una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Montallegro, en Chiavari, un recorrido que tantas veces hicieron juntos.
Y cada año, cientos de personas se suman a la peregrinación, con un número de jóvenes cada vez mayor.
