En la vida de los santos encontramos un tema recurrente, muchos de ellos fueron acusados injustamente y se encontraron solos e incomprendidos. Esta gracia de callar, de mantener la mirada en Cristo y de buscar la fuerza del perdón y la paz, son las características de una santidad discreta e invisible. En efecto, es difícil soportar la injusticia si no hay en el fondo una motivación que nos empuje a vivir la virtud; un amor que nos permite sobreponernos frente a la ofensa.
La posibilidad de la santidad está ante nosotros, porque es el camino mismo de la vida el que inevitablemente nos pone a prueba: la calumnia, la caída que algunos esperan, el engaño del que somos víctimas o la venganza de los que sienten envidia frente a nuestro éxito. ¿Qué vida no conoce este lenguaje? Sin embargo, es la forma en la que transitamos estas pruebas, la que revela quiénes somos.
Hoy queremos resaltar algunas de las actitudes que tuvieron en común los santos cuando vivieron en carne propia la prueba y la injusticia:
1. Tomar posición
Jesús presenta la vida de sus discípulos como una alternativa entre oposiciones a elegir: ¿Ocultar o revelar? ¿Susurrar al oído o gritar en las terrazas? ¿Tomar venganza o promover la paz? A veces la vida se nos presenta así, como alternativas a elegir. Ponerse frente a estas alternativas es una prueba para comprobar lo que llevamos en el corazón.
Nuestra fe nos invita a tomar posición. A veces tendremos que mirar en nuestro interior para tener el coraje de reconocer el verdadero motivo de nuestras mentiras, rencores, sed de venganza o celos; otras veces, tendremos que ser capaces de discernir cual es la mejor actitud a vivir cuando somos tratados injustamente.
Entonces, ¿dónde deberíamos empezar a arrojar luz? No en la vida de los demás, como a menudo nos vemos impulsados, sino sobre todo en nuestro corazón.
2. Permanecer indefenso
En algunas ocasiones la fe también nos invita a sufrir en silencio. Y esto, lejos de ser una actitud pasiva, puede ser también una manera de tomar posición. El discernimiento más importante se halla en la humildad y la sabiduría para conocer la forma de actuar. En los momentos de prueba Dios nos da la oportunidad para reconocerlo como Señor de nuestra vida a pesar de las penalidades y humillaciones.
Muchas veces no podemos hacer más que quedarnos impotentes, sin embargo, es en esta fragilidad donde podemos experimentar la gracia de Dios. El mundo pone su confianza en la intriga, las estrategias, las amistades adecuadas y las mentiras; pero los santos, así como nosotros, podemos optar por escuchar una voz diferente que nos enseñe a actuar con verdad y caridad.
El lenguaje de Dios nos recuerda que en su corazón siempre tenemos un lugar como hijos amados y que por este amor somos capaces de obrar con el bien. Esta es la certeza a la que debemos aferrarnos para no caer en el torbellino del mal.
3. Creer con esperanza
La fe no se nos presenta como un depósito seguro ni se traduce en certeza, pero nos empuja a buscar siempre más allá, nos mantiene en movimiento, nos impulsa a resignificarnos continuamente.
Si tenemos fe en Jesús y creemos que la gracia ha sido derramada en abundancia sobre nuestros corazones. También nosotros estamos dentro de ese relato amoroso de Dios (Rom 5,15). Dios no puede abandonarnos. Esto es lo que creen con todas sus fuerzas los santos y a esta fe nos invitan todos los días de nuestra vida.
"Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás" (San Agustín de Hipona, Sermón 357, 3).
