Cualquiera de nosotros podría pensar que San Pío de Pietrelcina, quien vivió con estigmas, seguro tendría una devoción particular por Jesús Crucificado. Sí, este acontecimiento salvífico estuvo en el centro de su vida, pero, como cuenta el escritor Renzo Allegri, su verdadero amor fue la Navidad.

Según comenta el escritor italiano Renzo Allegri, quien escribió varias obras sobre el Padre Pío, la navidad, y “la imagen del Niño Jesús provocó en él sentimientos de infinita ternura, que a menudo le hicieron llorar”.

El padre Joseph Mary Elder, O.F.M.Cap., cuenta que el Padre Pío le dijo una vez a Raffaelina Cerase, una de sus hijas espirituales:

Cuando comienza la Santa Novena en honor del Niño Jesússentí como si mi espíritu estuviera naciendo de nuevo a una nueva vida. Sentí como si mi corazón fuera demasiado pequeño para abrazar todas nuestras bendiciones celestiales. Mi alma se sentía como si se estuviera desintegrando en la presencia de nuestro Dios que se había hecho hombre. ¿Cómo no amarlo para siempre con un fervor que nunca se vuelve rancio? Abramos nuestro corazón al Niño Jesús, cuya alma no tenía la mancha del pecado y saborearemos lo dulce y suave que es amarlo”.

Quizás por eso Jesús lo bendijo con una experiencia asombrosa que pudo contemplar alguien que estuvo allí con él en poco antes de la Misa de medianoche de Navidad.

La increíble historia del Niño Jesús y el Padre Pío en Nochebuena

Renzo Allegri cuenta que a San Pío de Pietrelcina siempre le gustaba celebrar la Misa del Gallo o de Navidad. Pero una de esas veces, 24 de diciembre de 1922 sucedió algo asombroso.

Así lo cuenta Lucía Iadanza, una de sus hijas espirituales del santo:

“Los frailes habían traído un enorme brasero a la sacristía y muchas personas estaban parados alrededor para calentarse. Estábamos rezando el rosario mientras esperábamos la Misa. El Padre Pio rezaba con nosotros. De repente, en un aura de luz, vi al Niño Jesús aparecer en sus brazos“.

¡Qué hermoso encuentro entre el Niño Jesús y el Padre Pío! Y Lucía sigue narrando:

El Padre Pio se transfiguró, sus ojos contemplaron al niño resplandeciente en sus brazos, su rostro transformado por una sonrisa de asombro. Cuando la visión desapareció, Padre Pio se dio cuenta por la forma en que lo miraba que lo había visto todo. Pero se acercó a mí y me dijo que no se lo mencionara a nadie”.

¡Qué hermoso encuentro lleno de ternura y amor!

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