¿A veces crees que Dios te ha abandonado? Este santo te dice algo que necesitas saber

Confiar en Dios
Créditos: PxFuel

Muchas veces nos resulta fácil confiar en Dios cuando las cosas salen como esperamos, ¿pero qué sucede cuando las cosas no van bien? ¿Estás en esta situación? ¡Los consejos de este santo son para ti!

San Claudio de la Colombiere, este santo sacerdote jesuita que fue director espiritual de Santa Margarita María de Alacoque y difundió junto a ella la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, escribió El abandono confiado a la Divina Providencia.

La breve pero magnífica obra de este santo resume todos las dificultades que un creyente puede experimentar para confiar plenamente en Dios y su providencia. Y no solo eso, ¡se convierte en nuestro director espiritual y nos regala sus increíbles consejos!

Los consejos de San Claudio de la Colombiere para confiar en Dios

Practica el abandono confiado

“Piensa todos los días, por las mañanas, en todo lo que pueda sucederte de molesto a lo largo del día. Acepta todos estos males en caso de que quiera Dios permitirlos; obliga a tu voluntad a consentir en este sacrificio y no des ningún reposo hasta que no la sientas dispuesta a querer o a no querer todo lo que Dios quiera o no quiera.

Repite a menudo aquellas palabras que también Él decía a su Padre, en lo más agudo de su dolor: Señor, que se haga vuestra voluntad y no la mía“. (p. 5)

Las adversidades son útiles a los justos, necesarias a los pecadores

¡Dudas que esta prueba pasajera no te procure las más sólidas ventajas! Aunque el Espíritu Santo no hubiera llamado bienaventurados a los que sufren aquí abajo, aunque todas las páginas de la Escritura no hablaran en favor de las adversidades, y no viéramos que son el pago más corriente de los amigos de Dios, no dejaría de creer que nos son infinitamente ventajosas.

Un Dios que ha sufrido tanto para impedirme sufrir, no se dará el cruel e inútil placer de hacerme sufrir ahora“. (p.5)

Confía en la Providencia, confiar en Dios

En efecto, si pudiéramos descubrir cuales son los designios de la Providencia, es seguro que desearíamos con ardor los males que sufrimos con tanta repugnancia. ¡Dios mío!, si tuviéramos un poco más de fe, si supiéramos cuánto nos amas, cómo tienes en cuenta nuestros intereses, ¿cómo miraríamos las adversidades? Iríamos en busca de ellas ansiosamente, bendeciríamos mil veces la mano que nos hiere“. (p.6)

“Es cierto que estos golpes imprevistos, en el momento en que hieren acaban algunas veces con aquellos sobre quienes caen y les sitúan fuera del estado de aprovecharse inmediatamente de su desgracia: Pero espera un momento y verás que es por allí por donde Dios te prepara para recibir sus favores más insignes. Sin este accidente, es posible que no hubieras llegado a ser peor, pero no hubierais sido tan santo“. (p.6)

Las ventajas inesperadas en las pruebas

“Siempre has mirado las bendiciones temporales que ha derramado hasta ahora sobre tu familia como los efectos de su bondad hacia ti; pero entonces verás claramente que nunca te amó tanto como cuando trastornó todo lo que había hecho para tu prosperidad, y que si había sido liberal al darte las riquezas, el honor, los hijos y la salud, ha sido pródigo al quitarte todos estos bienes“. (p.7)

“Todo esto nos hace ver que sea cuál sea el modo como vivamos deberíamos recibir siempre toda adversidad con alegría. Si somos buenos, la adversidad nos purifica y nos vuelve mejores, nos llena de virtudes y de méritos; si somos viciosos, nos corrige y nos obliga a ser virtuosos“. (p.8)

Sobre los bienes que queremos obtener

“Pide primero las cosas más importantes, a fin de que se añadan las pequeñas al darte las mayores. Si este es el orden que Dios observa en la distribución de sus gracias, no nos debemos extrañar que hasta ahora hayamos orado sin éxito.

Sin estas gracias primeras, todo lo demás podría ser perjudicial y de ordinario así es; he aquí por qué somos rechazados. Murmuramos, acusamos al Cielo de dureza, de poca fidelidad en sus promesas. Pero nuestro Dios es un Padre lleno de bondad, que prefiere sufrir nuestras quejas y nuestras murmuraciones, antes que apaciguarías con presentes que nos serían funestos“. (p.8)

Sobre los males que padecemos

“Alguien dirá que él no suspira por una gran fortuna, que se contentaría con salir de esta extrema indigencia en la que sus desgracias lo han reducido; deja la gloria y la alta reputación para los que la ansían, desearía tan sólo evitar el oprobio en que le sumergen las calumnias de sus enemigos.

No me sorprende; tienes males secretos mucho mayores que los males de que te quejas, sin embargo son males de los que no pedís ser librados; si para conseguirlo hubieras hecho la mitad de las oraciones que has hecho para ser curados de los males exteriores, haría ya mucho tiempo que hubieras sido librado de los unos y de los otros”. (p.9)

Perseverancia en la oración

¿Quieres que todas tus oraciones sean eficaces infaliblemente? ¿Queréis forzar a Dios a satisfacer todos vuestros deseos? En primer lugar digo que no hay que cansarse de orar. Los que se cansan después de haber rogado durante un tiempo, carecen de humildad o de confianza; y de este modo no merecen ser escuchados.

Parece como si pretendieras que se te obedezca al momento tu oración como si fuera un mandato; ¿no sabes que Dios resiste a los soberbios y que se complace en los humildes? ¿Qué? ¿Acaso tu orgullo no te permite sufrir que te hagan volver más de una vez para la misma cosa? Es tener muy poca confianza en la bondad de Dios el desesperar tan pronto, el tomar las menores dilaciones por rechazos absolutos”. (p.10)

Se lleva la cuenta de todos tus suspiros, recibirás en proporción al tiempo que hayas empleado en rogar; se te está amasando un tesoro que te colmará de una sola vez, que excederá a todos tus deseos”. (p.11)

¡Qué útiles consejos para confiar en Dios!

¡San Claudio de la Colombiere, ruega por nosotros!

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