¿Conocías la tradición de la Iglesia de la Bendición Postparto?

Dominio público, Wikipedia

Si esta tradición no te suena familiar, no te preocupes, es prácticamente olvidada. El “Benedictio mulieris post partum” (La bendición de las mujeres después del parto), es una antigua tradición católica para purificar a una madre después del parto. 

Innumerables generaciones de mujeres participaron en él como un ritual para ser aceptado nuevamente en el banco para la misa dominical.

Pero lejos de ser un rito para disminuir a las mujeres, es una oración de acción de gracias por el regalo de una nueva vida, una celebración de la feminidad y una bendición para la madre y el niño. 

¿De dónde viene esta tradición?

Surgió en los primeros siglos de la Iglesia. El Papa Gregorio Magno ya lo mencionaba en el siglo VI. Se esperaba que la madre regresara a la iglesia después de un tiempo de reclusión después del parto, durante aproximadamente 4 a 6 semanas, lo que coincide con los 40 días de la ley levítica para la purificación.

Durante siglos, los recién nacidos fueron bautizados a las pocas horas o días de su nacimiento, lo que significaba que sus madres generalmente no podían asistir al bautismo. Esta bendición fue una ocasión de acción de gracias por la vida de la madre y el niño en un momento en que la mortalidad materna e infantil era alta.

Esta bendición, entonces, marcaba el regreso de la madre a su vida social. Reanudaba sus deberes en toda su extensión. La celebración a menudo fue seguida por una comida.

¿En qué consiste exactamente la bendición?

La madre se arrodillaría en la Iglesia, sosteniendo una vela encendida, y esperaría al sacerdote. Luego este vendría a ella, la rociaría con agua bendita y recitaría el Salmo 23. Entonces el sacerdote haría que se levantara y ella se aferraba a su estola blanca mientras la conducía hacia el altar donde recibe la bendición formal.

Era costumbre celebrar la Misa, en beneficio de la joven madre y su familia, incluso si el Rituale Romanum no lo menciona.

Ahora es raro que la madre esté ausente del bautismo de su hijo, lo que reduce la necesidad de practicar una bendición especial por separado.

Sin embargo, esta bendición tiene un significado muy profundo que podría beneficiar a las madres católicas en la sociedad actual.

¿Cómo esta bendición sería beneficiosa en la actualidad?

1. Una celebración de la vida en una cultura de la muerte

En una cultura que nos vende subrogación y fecundación in vitro, este es un muy buen recordatorio de que la procreación no debe separarse de la unión de los cónyuges y que los bebés no son bienes para vender sino literalmente “fruto del útero de sus madres”. 

2. Una celebración de la feminidad

La purificación adquiere un significado completamente nuevo a la luz del cristianismo: purificamos lo que ha tocado la santidad. El color litúrgico para este rito es blanco, blanco para la alegría de la resurrección, no púrpura para la penitencia.

La lectura litúrgica del Salmo 23 no es un salmo penitencial; es un salmo triunfante sobre el Templo y la venida del Rey.

3. Una celebración de la maternidad

El embarazo, el parto y el parto no son la parte más glamorosa de la vida de una mujer. No son fáciles, por decir lo menos, y afectan su cuerpo, mente y alma. Y esa es solo la primera etapa de la maternidad. Luego viene toda una vida cuidando a sus hijos, agradeciéndoles pero también preocupándose y orando por ellos. Con este rito, se bendice ese hermoso y santo trabajo.

Compartir:

Comentarios

comentarios