Estoy atravesando un momento muy hermoso en mi vida.

Por primera vez, me doy cuenta de que el dinero no es lo más importante. Quiero tener lo suficiente para no ser una carga para nadie.

E incluso si acabo siendo una carga para alguien, tampoco me importa. Ya he pagado mi parte, y mi esposa también. Solo es dinero. Hay de sobra para todos. Y cuando ya no está, ya no está.

Para reflexionar.

Me pregunto si algún hombre, en su lecho de muerte, rodeado de sus hijos y seres queridos, habrá murmurado alguna vez: “Ojalá hubiera pasado menos tiempo con ustedes para haber ganado más dinero”. 

O bien: “He dedicado mi vida a intentar labrarme una mejor carrera profesional en lugar de cultivar mejores relaciones. Estoy muy orgulloso de haber sacrificado mi matrimonio y el amor de mis hijos para poder comprarme una casa mejor y mejores autos. Y vaya si mi paquete de jubilación tiene muy buena pinta. Ahora ya nunca podré disfrutarlo… pero hay un montón de ceros en la cifra”. 

Me pregunto si alguien que lea esto, si tuviera la oportunidad de escribir su propio epitafio, escribiría: “Aquí yace un hombre que aprovechó al máximo su vida aumentando su cuenta bancaria en lugar de pasar su tiempo libre con sus nietos”.

Sé que esto puede sonar dramático, pero este mensaje resuena profundamente en mi corazón.

Lo único que realmente importa mientras estamos en esta tierra son las relaciones que tenemos con nuestros seres queridos y la manera en que compartimos amor con las personas que encontramos en el camino. Eso es todo.

No sé cómo llegué a perder de vista esta verdad.

Me tomó tres episodios de cáncer y una infección sanguínea darme cuenta de esto. Gracias a Dios que ahora tengo tiempo para hacer las cosas de otra manera.

La verdadera clave del éxito es vivir la vida por aquellos a quienes amas.

Sirve a tu familia con todo tu corazón. Disfruta cada segundo que tengas con tus seres queridos. Deja en segundo plano tu carrera y la búsqueda de dinero. Haz que tu vida gire en torno a quienes amas. Que cada persona que amas sepa cuánto la amas, no solo por tus palabras, sino por el tiempo que le dedicas.

Ayer mismo hablé con dos amigos que estaban tomando decisiones relacionadas con su carrera profesional. A ambos les dije lo mismo: elijan a la familia. Sea cual sea la decisión que tomen, elijan a la familia.

Elijan el trabajo que les permita pasar más tiempo en casa, con menos estrés y menos responsabilidades. ¡Qué importa lo que piensen los demás!

Miren a sus hijos a los ojos y díganles que papá va a ganar menos dinero… pero que estará mucho más tiempo en casa.

Díganles que papá ya no se perderá más partidos de fútbol ni presentaciones escolares.

Díganles que papá estará allí cada noche cuando se vayan a dormir… y también cuando despierten por la mañana.

Díganles que papá llegará del trabajo de buen humor y lleno de energía.

Díganles que verán a papá abrazando y besando mucho más a mamá.

¡Sus ojos brillarán como si fuera Navidad!

Sabemos que todos tenemos la responsabilidad, en nuestra sociedad, de ser personas trabajadoras y productivas. Debemos aportar nuestro granito de arena. Debemos labrarnos nuestro propio camino y no ser nunca una carga para la sociedad. 

No estoy diciendo que debamos volvernos irresponsables. Lo que digo es que, en algún momento del camino, no podemos perder de vista lo que es verdaderamente importante: el amor.

La riqueza no puede traer la felicidad. Simplemente no puede. No puede proporcionar la alegría interior que solo puede provenir de amar a alguien y ser amado.

Charles junto a su esposa, Ann (izquierda), y dos de sus nietos. / Imagen cortesía de Charles Boles.

Mi médico me envió un correo electrónico durante la época navideña de 2022. El mensaje era sencillo:

“Que la paz del Señor esté con ustedes. Dediquen tiempo de calidad… ahora… a las personas que aman. El tiempo es el único regalo que el dinero no puede comprar”.

Este artículo es un extracto del libro de Charles Boles, Working for That Warm Feeling: And Finding Your Keys to Victory.

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