Estos son 5 mitos de la Virgen María que aún son creídos como verdad

La Mariología, el área de la teología que estudia la importancia de la Virgen María en la vida de Jesús y en la fe cristiana, es quizás un punto de debate constante entre los católicos y miembros de otros grupos cristianos.

En algunos casos, se fabrican mitos sobre cómo los católicos vemos a Santa María. Perspectivas falsas que mal entienden el amor que se tiene a la Madre de Dios.

Nuestros hermanos de Tekton nos traen un útil e informativo video donde se nos muestra 5 de estos mitos, e intentan aclararlos:

Mito 1: “Los católicos adoran a María”

Uno de las críticas más populares contra la devoción mariana es que, al parecer, nosotros los católicos adoramos a María por rezarle, tener estatuillas de ella y tenerle una muy alta estima. Pero la Iglesia es firme al decir que no hay nadie como Dios, y no se debe adorar a nadie más que a Él.

Mito 2: “Los católicos piensan que María no necesitó un salvador”

Esto tampoco es verdad, lo que se cree es que Santa María nació sin pecado pero por la salvación dada por la muerte de Jesús. Una especie de “adelanto” de lo que se nos prometió a nosotros con la resurrección de Cristo.  

Mito 3: “La Mariología católica contradice la Biblia”

Se suele pensar que los católicos inventaron muchas de las historias de la Virgen María, y que no tienen sustento bíblico. Sin embargo, la Biblia es una de las fuentes más importantes de la Mariología.

Mito 4: “La Mariología es una tardía corrupción medieval de la fe”

Muchos críticos que piensan de esta manera, se sorprenderían mucho al saber que fueron algunos Padres de la Iglesia, al principio de la iglesia, los que llamaban a María como la Nueva Eva. El amor a la Virgen es más antiguo de lo que se cree.   

Mito 5: “María le resta importancia a Jesús”

Todo lo contrario, la vida entera de la Virgen María le rinde honor a Cristo. Cada vez que Santa María aparece en la Biblia, es para resaltar el hecho de que necesitamos de Dios para poder vivir. Ella siempre señalará a su Hijo como el camino de Salvación, no a ella misma.     

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