Estas anécdotas revelan el genial sentido del humor de San Juan XXIII

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San Juan XXIII
Wikipedia / Dominio Público.

El papa san Juan XXIII fue el iniciador de aquello que dirigiría la vida apostólica de la Iglesia entera hasta hoy, el Concilio Vaticano II.

Este extraordinario papa fue conocido como el “Papa Bueno”. De hecho, tenía un muy buen carácter, y un gran sentido del humor.

Estas son algunas anécdotas que demuestran lo gracioso que podía llegar ser san Juan XXIII:

La superiora del Espíritu Santo

Cierto día visitó un hospital a cargo de religiosas, denominado “Archihospital del Espíritu Santo”.
Al llegar, la superiora, toda nerviosa y muy emocionada, besó atropelladamente su anillo doblando la rodilla y sólo acertó a presentarse con estas palabras:

    –    Santidad, soy la superiora del Espíritu Santo.

Con una sonrisa ante tan original presentación y para templar sus visibles nervios, le respondió con chistosa y afectuosamente:

    –    ¡Qué suerte tiene, hermana! Yo sólo he podido llegar a ser vicario de Cristo.

Su Santidad, soy bautista

Entre las numerosas audiencias concedidas a personajes importantes y no tanto, recibió un día a un senador nortemaericano.
El senador se presentó, dando a conocer su religión, diciéndole:

    –    Santidad, yo soy bautista.

A lo que el papa contestó con su sonrisa de siempre.

    –    Y yo soy Juan. De modo que ya estamos completos.

Juan Bautista, el precursor del Señor.

Humor interreligioso

En una ocasión, el Papa recibió al Gran Rabino de Roma, dentro del marco de sus encuentros interreligiosos…
Tras la amistosa reunión, lo acompañó personalmente hasta la salida de la sala de audiencias. Se planteó un pequeño problema protocolar: el Gran Rabino insistía en que el Pontífice saliera primero. El Papa, por el contrario, indicaba cortésmente que cedía la prioridad. Como, a su vez, el Gran Rabino insistía en ceder el primer paso, san Juan XXIII sentenció solemnemente y con humor:

    –    ¡Que pase primero el Antiguo Testamento!

Los sastres no pensaron en él

Cuando aceptó ser el sucesor de San Pedro, el papa se apartó para vestir las vestiduras blancas tradicionales, pero ninguna de las tres sotanas que habían preparado le quedaba bien; san Juan XXIII era bastante gordo. Siguió el desconcierto entre las personas encargadas de asistir al papa. Él calmó la tensión diciendo: “¡Está claro que los sastres no deseaban que yo fuera papa!”.

Las Hermanas de San José

En cierta ocasión un grupo de religiosas se presentaron ante el “papa bueno” diciendo “somos las Hermanas de San José“: El papa respondió: “Caramba, qué bien se conservan con casi dos mil años de edad”.

Yo soy el Papa

San Juan XXIII contó una vez esta confidencia: “Con frecuencia me despierto por la noche y comienzo a pensar en una serie de graves problemas y decido que tengo que hablar de ellos con el papa. Después ¡me acuerdo de que yo soy el papa! Entonces me digo: Bueno, mañana estudiaremos la solución. Ahora toca descansar”.

¡San Juan XXIII, ayúdos a vivir el Evangelio con tu alegría!

[Ver: El canto gregoriano que se convirtió en el himno de las Cruzadas]

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