Este año 2026, el Miércoles de Ceniza se celebra el 18 de febrero.​

Durante este tiempo penitencial, los católicos practicamos el ayuno y la abstinencia, y suelen surgir muchas preguntas sobre cómo vivir concretamente estas prácticas espirituales.​

A continuación encontrarás una guía sencilla con respuestas a las dudas más frecuentes, según la enseñanza de la Iglesia.​

¿Qué es el ayuno?

El ayuno es una forma de penitencia y de disciplina espiritual, mediante la cual moderamos voluntariamente la cantidad de alimento que consumimos.​

La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) explica:

“Cuando se practica el ayuno, la persona tiene permitido comer una comida completa, así como dos comidas más pequeñas que juntas no equivalgan a una comida completa”.

¿Qué es la abstinencia?

La abstinencia consiste en dejar de comer carne de mamíferos o aves.​
Esta práctica se debe a que, tradicionalmente, la carne era un alimento costoso y considerado un lujo, por lo que renunciar a ella era un verdadero sacrificio.​

El consumo de pescado sí está permitido, y por eso muchas parroquias ofrecen comidas de pescado los viernes de Cuaresma.​


¿Cuándo se ayuna y quiénes están obligados?


La Iglesia pide a los fieles ayunar y guardar abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Además, todos los viernes de Cuaresma son días obligatorios de abstinencia de carne para los católicos.

Están obligados al ayuno los adultos de 18 a 59 años, tanto el Miércoles de Ceniza como el Viernes Santo.

En cuanto a la abstinencia de carne, la USCCB indica que “las normas sobre la abstinencia de carne son obligatorias para los miembros de la Iglesia Católica Latina a partir de los 14 años”.

La Iglesia también reconoce que ciertas personas están exentas de estas obligaciones y se les anima a ofrecer otro tipo de sacrificios.​

Sobre los enfermos, la USCCB señala:

“Los enfermos física o mentalmente, incluidas las personas que padecen enfermedades crónicas como la diabetes... En todos los casos, debe prevalecer el sentido común, y las personas enfermas no deben poner en peligro su salud al ayunar”.

Las mujeres embarazadas o lactantes también están exentas de estas prácticas de ayuno y abstinencia estricta.​


¿Por qué ayunamos y practicamos la abstinencia?


Existen muchas razones por las que la Iglesia nos llama a vivir el ayuno y la abstinencia durante la Cuaresma, pero la principal es acercarnos más a Jesús.
Al imitar su experiencia de tentación en el desierto, y al unir nuestros pequeños sacrificios a los suyos, participamos más profundamente en su muerte y resurrección.

El ayuno y la abstinencia tienen también un fuerte fundamento bíblico.​

El profeta Daniel relata: “Yo volví mi rostro hacia el Señor Dios para obtener una respuesta, con oraciones y súplicas” (Daniel 9,3).​

El libro de Tobías enseña: “Vale más la oración con el ayuno y la limosna con la justicia, que la riqueza con la iniquidad” (Tobías 12,8).​

Y en los Salmos leemos: “Cuando aflijo mi alma con ayunos, aprovechan para insultarme” (Salmos 69,11).​


Lo que enseña el Catecismo


El Catecismo de la Iglesia Católica subraya la importancia del ayuno como forma concreta de penitencia interior.​

En el número 1434 afirma que la conversión del corazón puede expresarse de muchas maneras, y destaca especialmente “el ayuno, la oración, la limosna” (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que manifiestan la conversión respecto de uno mismo, de Dios y de los demás.​

El número 1438 recuerda que los “tiempos y los días de penitencia” a lo largo del año, en particular la Cuaresma y cada viernes en memoria de la muerte del Señor, son momentos fuertes para la práctica penitencial de la Iglesia.​

Estos tiempos son especialmente apropiados para los ejercicios espirituales, liturgias penitenciales, peregrinaciones, privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, y para la caridad vivida de forma concreta.​

Finalmente, el Catecismo enseña que el precepto de “abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia” asegura espacios de ascesis que nos preparan para las fiestas litúrgicas y nos ayudan a adquirir dominio sobre nuestros instintos y libertad del corazón (CEC 2043).​


Santo Tomás de Aquino sobre el ayuno


Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, recoge una hermosa síntesis de la tradición sobre los frutos del ayuno.​

Retomando a San Agustín, explica que “el ayuno purifica la mente, eleva los sentidos, somete la carne al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las tinieblas de la concupiscencia, apaga los ardores de los placeres y enciende la luz de la caridad”.​

Vivir el ayuno y la abstinencia en Cuaresma, según la enseñanza de la Iglesia, no es solo cumplir una norma, sino abrir el corazón a una obra más profunda de Dios en nuestra vida.

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