La fiesta de San Valentín es una ocasión para celebrar el amor en pareja. Como católicos, sabemos que el noviazgo no se trata solo de corazones y flores, sino de aprender a amar mejor a Dios y a la otra persona.

Te proponemos 10 preguntas que te ayudarán a ver si tu relación te acerca al Amor que no tiene fin, es decir a Nuestro Señor.

1. ¿Tu relación de pareja te ayuda a ser mejor persona?

¿Te anima a estudiar, trabajar, ser más responsable y ordenado en tu vida diaria?

Si tu relación te impulsa a crecer, es una buena señal; si te estanca o te distrae de todo, ojo.

2. ¿Crecen juntos en virtudes o en malas costumbres?

¿Esta persona te ayuda a ser más puro, honesto y paciente, o te lleva a mentiras, vicios y pecados? El verdadero amor te hace querer ser santo, no justificar el pecado.

3. Cuando discuten, ¿quieren ganar o amar?

Cuando no están de acuerdo, ¿buscan escucharse, comprenderse y perdonarse, o solo demostrar quién tiene la razón? Las crisis pueden ayudar a madurar, si se viven con humildad y amor.

4. Si se casaran mañana, ¿aceptarías su cruz y dejarías que cargue la tuya?

Amar no es solo sentir bonito, es estar dispuesto a cargar juntos el yugo de la vida. ¿Te ves caminando con esta persona en la enfermedad, las dificultades económicas y los momentos duros?

5. ¿Esta relación te ayuda a amar más a Jesús?

¿Rezas más, vas más a Misa, buscas más a Dios desde que estás con esta persona? ¿O están tan centrados el uno en el otro que se olvidan de que el centro de la relación debe ser el Señor y que juntos deben ayudarse uno al otro a ser más como Cristo?

6. ¿Pueden rezar juntos sin que se sienta raro?

¿Han intentado rezar un Padrenuestro, un Rosario o dar gracias juntos después de una cita? Si la oración compartida se siente imposible o siempre “incómoda”, de repente algo falta en el centro de la relación.

7. ¿Sueñan con un matrimonio y una familia con Cristo en el centro?

¿Hablan (aunque sea a futuro) de matrimonio, familia, apertura a la vida, vida de fe en común? Si solo buscan “pasarla bien” y cuesta mucho dar el paso a un mayor compromiso, quizá no van en la misma dirección.

8. ¿Esta relación te acerca más a los sacramentos?

¿Te confiesas más, vas más seguido a Misa y comulgas con más conciencia desde que estás con esa persona? O, por el contrario, ¿cada vez tienes más excusas para no ir a Misa ni confesarte?

9. Después de ver a tu pareja, ¿sientes paz o confusión?

Cuando vuelves a casa, ¿te sientes en paz, agradecido y más libre, o lleno de ansiedad, culpa y dudas? El amor verdadero trae serenidad, incluso cuando hay problemas.

10. ¿Tu sacerdote, director espiritual y amigos católicos apoyarían esta relación?

Si tus papás, tu confesor o tus amigos católicos de confianza supieran todo sobre la relación, ¿la verían como algo bueno para tu alma? El amor que viene de Dios no necesita esconderse.

San Valentín es una gran ocasión para mirar tu relación a la luz de Cristo.

Si estas preguntas te incomodan un poco, no es para asustarte, sino para ayudarte a amar mejor. La vida cristiana es un camino de aprendizaje continuo, nunca de miedo o justificaciones.

Un amor verdaderamente católico no es perfecto, pero siempre apunta a Dios, busca la santidad y se abre al sacramento del matrimonio como camino hacia la plena felicidad.

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