¿Alguna vez te has preguntado por qué, a pesar de hacer todo "bien", te sientes vacío? La felicidad verdadera, según nuestra fe católica, es un deseo divino que solo Dios puede satisfacer. Este deseo está inscrito en nuestro corazón por Dios mismo, como lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 1716-1729.

Aquí te propongo cinco pasos que te invitan a reflexionar y comprometerte con tu fe:

1) Pregunta esencial: "Jesús, ¿quién eres para mí?" 

No basta con creer en un Dios genérico. Pregúntate si Jesús es una persona real en tu vida. Comienza y termina el día hablando con Él en oración, agradeciendo y pidiendo por lo que necesites. Recuerda la pregunta que Jesús hizo a sus apóstoles: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" (Mateo 16, 15-16).

2) Amor y fidelidad van de la mano 

La vida cristiana es una elección de voluntad. No esperes a "tener ganas" para rezar. Comprométete a orar, incluso sin ganas, y recuerda: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14, 15).

3) Tiempo a solas con Jesús 

La amistad con Jesús requiere tiempo. Dedica momentos a solas con Él, usando jaculatorias como "Señor, en Ti confío", para fortalecer tu conexión. Como el zorro le dice al Principito: "La amistad se crea 'domesticando', dedicando tiempo y creando lazos".

4) Reubica tu felicidad 

La verdadera felicidad no está en tener más cosas, sino en agradecer lo que ya tienes. Libera tu corazón de las riquezas mundanas para hacer espacio a la felicidad que Dios ofrece. Jesús promete "ciento por uno" a quienes lo siguen (Mateo 19, 23-30).

5) Evita la tibieza 

No seas un cristiano mediocre. La felicidad no depende de la comodidad, sino de en quién depositas tus esperanzas. Recuerda el pasaje de Apocalipsis: "Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente... Por cuanto eres tibio, te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3, 15-16).

Conclusión: Un Reto Personal

  • Reza 3 minutos al día, hablando con Jesús.
  • Repite la jaculatoria: "Jesús, Tú eres el Cristo, enséñame a vivir contigo".
  • Haz una pequeña renuncia o sacrificio diario, sin buscar reconocimiento.
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