En la Sala de los Lazos, padres y madres encomiendan a sus hijos a la intercesión de San Gerardo Majella, pidiendo su protección y dando gracias por los favores recibidos. Miles de lazos rosados y azules cubren el techo, formando un conmovedor testimonio de gratitud y esperanza.

La blogger Julia Cipriano compartió este hermoso lugar ubicado dentro del Santuario de San Gerardo Majella, en Avellino (Italia).

“Llevamos a nuestra bebé al Santuario de San Gerardo, en Avellino, un lugar al que las familias italianas acuden desde hace generaciones para pedir a San Gerardo —patrono de las madres y de los niños— que proteja a sus pequeños”.

Las paredes de la sala están cubiertas con fotografías de bebés, mientras que el techo se adorna con cientos de Fiocco Nascita (lazos de nacimiento), una tradición italiana que anuncia la llegada de un nuevo integrante a la familia. Estos lazos, rosados o azules según el sexo del bebé, suelen colocarse en la puerta principal de una casa para compartir la alegría del nacimiento con los vecinos.

En la Sala de los Lazos, cada uno de estos objetos fue dejado por padres agradecidos como señal visible de una oración escuchada: un embarazo esperado durante años, un parto sin complicaciones, la salud de un hijo o la fortaleza para atravesar momentos difíciles.

“Son ofrendas que los padres dejan para agradecer al santo por oraciones escuchadas o partos seguros”, agregó Julia.

San Gerardo Majella, protector de madres y niños

San Gerardo Majella nació el 6 de abril de 1726 en Muro Lucano (Italia), en el seno de una familia muy pobre. Tras la muerte de su padre, trabajó como sastre para ayudar en su hogar, aunque desde joven sintió un fuerte llamado a la vida religiosa.

Luego de varios intentos, fue aceptado en la Congregación del Santísimo Redentor, fundada por San Alfonso María de Ligorio, donde profesó como hermano laico en 1752 y desempeñó con humildad las tareas más sencillas del convento.

Durante su vida, San Gerardo soportó una grave calumnia que aceptó en silencio, confiando plenamente en que Dios haría triunfar la verdad. Falleció el 16 de octubre de 1755, a los 29 años. Tras su muerte, comenzaron a multiplicarse los milagros atribuidos a su intercesión, especialmente relacionados con embarazos, partos y la protección de los niños.

Por ello fue conocido como “el santo de los partos felices”, y con el tiempo se convirtió en un poderoso intercesor para las futuras madres. Fue beatificado en 1893 y canonizado en 1904.

Milagro del pañuelo

Aunque la Iglesia no lo ha proclamado oficialmente como patrono de las madres, millones de fieles en todo el mundo acuden a San Gerardo para pedir su intercesión por los niños, las mujeres embarazadas, los partos, las parejas que desean concebir y la defensa de la vida.

El origen de esta devoción se remonta a una historia profundamente conmovedora.

Según Catholic News Agency,

“Poco antes de su muerte, San Gerardo visitó a sus amigos, la familia Pirofalo. Una de las hijas corrió tras él cuando salió de la casa, ya que había dejado caer su pañuelo. Gracias al don de profecía, él respondió: ‘Guárdalo. Algún día te será útil’. Años después, cuando esta joven estaba en peligro durante el parto, recordó las palabras de San Gerardo y pidió el pañuelo. Se lo pusieron, y ocurrió un milagro: el dolor cesó inmediatamente y dio a luz a un niño sano”.
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