En los últimos meses, la polilaminina se ha convertido en uno de los temas más comentados en las redes sociales, no solo por su potencial revolucionario en la medicina, sino también por un detalle sorprendente: su estructura se asemeja a la forma de una cruz.
Esta proteína está siendo estudiada por científicos brasileños para el tratamiento de lesiones graves en la médula espinal. La expectativa es que pueda ayudar en la regeneración de nervios y en la recuperación de movimientos en personas con parálisis.
Hasta el momento, cinco pacientes ya han participado en las pruebas iniciales, y los primeros resultados son prometedores, con registros de mejora en los movimientos tras la aplicación de la sustancia.
¿Qué es la polilaminina?
La polilaminina no es una sustancia creada desde cero: se forma a partir de una proteína natural del cuerpo humano llamada laminina, que forma parte de la “base” estructural de los tejidos. Su función es ayudar a las células a organizarse, ubicarse correctamente y desempeñar sus tareas con mayor estabilidad.
Cuando varias lamininas se unen entre sí, en un ambiente con ligera acidez y presencia de calcio, forman una estructura mayor y más firme: la polilaminina, una especie de red biológica, porosa, natural y biológicamente compatible con el propio cuerpo. Observada a escala microscópica, la laminina tiene una forma que recuerda a una pequeña cruz, con un eje mayor y tres brazos menores.
Esta estructura funciona como un “puente” sobre áreas lesionadas. A diferencia de los materiales sintéticos, es reconocida por el organismo como algo familiar. Esto permite que las células nerviosas, por ejemplo, encuentren en ella un camino para volver a crecer con mayor orden, como quien encuentra escalones para atravesar un terreno inestable. Al estar hecha de material natural del propio cuerpo, no es rechazada y ofrece un ambiente favorable para la regeneración.
Investigadores brasileños están probando la polilaminina en lesiones de la médula espinal. En casos graves de parálisis, esta estructura puede estimular a los nervios a volver a crecer, algo que hasta hace poco parecía imposible.
¿Y la forma de cruz?
Durante una explicación en video que se volvió viral, la investigadora Tatiana Sampaio presentó la estructura molecular de la laminina, y el público lo notó de inmediato: la proteína recuerda la forma de una cruz. La imagen llamó la atención por la carga simbólica que muchas personas atribuyen a este detalle.

Tatiana fue clara al comentar el tema:
“Sí, la molécula tiene esta forma de cruz, eso es un hecho. Para quien es religioso, esto puede tener un significado, y no tengo cómo controlar ni creo que deba juzgar la forma en que cada persona lo interpreta”.
También señaló con delicadeza la necesidad de respetar a los pacientes con discapacidad, quienes muchas veces son injustamente presionados por una supuesta falta de fe, como si la curación dependiera únicamente de ellos.
Fe y ciencia: dos alas para contemplar la verdad
La Iglesia Católica nunca ha visto a la ciencia como enemiga de la fe. Por el contrario, enseña que ambas provienen del mismo Dios y se complementan en la búsqueda de la verdad.
El Catecismo de la Iglesia Católica lo dice claramente:
“A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber contradicción entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe otorga al espíritu humano la luz de la razón” (CIC 159).
El Papa San Juan Pablo II, en la encíclica Fides et Ratio, afirmó:
“La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Fides et Ratio 1).
La ciencia explica el cómo: cómo se forma la proteína, cómo actúa en las células, cómo puede regenerar un nervio.
La fe contempla el porqué: ¿por qué algo tan complejo y armónico existe en el cuerpo humano? ¿Por qué hay belleza incluso en las estructuras invisibles? ¿Qué significa ser hechos a imagen de Dios —con un cuerpo que también guarda señales de la cruz?
El Catecismo, al hablar de la Encarnación, nos recuerda:
“El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios” (CIC 458).
Y como dice el Salmo 139:
“Pues eres tú quien formó mis riñones, quien me tejió en el seno de mi madre. Te doy gracias por tantas maravillas, admirables son tus obras y mi alma bien lo sabe.”.
El misterio que se esconde en el cuerpo
No se trata de probar a Dios por medio de la ciencia. Se trata de reconocer que el cuerpo humano, en su belleza y complejidad, ya lleva impresas huellas del Creador.
Una proteína con forma de cruz no es un “milagro” ni una prueba dogmática. Pero puede ser, para quien cree, un gesto sutil. La Cruz de Cristo no es solo un símbolo de sufrimiento, sino de redención de la materia. La fe cristiana afirma que el cuerpo resucitará, y que el mismo Cristo resucitó con las marcas de la cruz.
Por eso, ver ecos de esta cruz en las fibras del cuerpo humano puede conmover y recordarnos que la ciencia cura, pero solo el amor salva por completo.
