“Está farmeando aura”. Esta expresión ya forma parte del lenguaje de muchos jóvenes. Pero Mons. Héctor Fabio Henao, delegado del Episcopado colombiano para las relaciones Iglesia-Estado, propone mirar más allá de esta tendencia y descubrir una “aura” que solo se consigue cultivando la vida espiritual.

Si usas TikTok, Instagram u otras redes sociales, seguramente has escuchado hablar de “farmear aura”. El término se utiliza para describir aquellas acciones que hacen que una persona parezca más segura, interesante o “cool” ante los demás.

La expresión viene del mundo de los videojuegos, donde “farmear” significa realizar acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. De ahí nació la idea de “ganar puntos de aura”: cuando alguien hace algo impresionante, se dice, muchas veces en tono de broma, que acaba de ganar “aura”.

Pero detrás de este término que se ha vuelto viral hay algo mucho más antiguo: el deseo de destacar, ser reconocidos y causar una buena impresión en los demás.

Y precisamente ahí pone el foco el Mons. Héctor Fabio Henao.

Que hay más allá de lo que mostramos a los demás

Para el obispo, querer ser reconocidos no es algo nuevo. Mucho antes de que existieran las redes sociales ya buscábamos llamar la atención, destacar y conseguir la aprobación de los demás. Lo novedoso son las formas en que lo hacemos.

“Últimamente he escuchado mucho a los jóvenes hablar de ‘farmear aura’ o ganar puntos de aura. Al principio me causaba gracia, pero después entendí mucho más de qué va: de proyectar seguridad, ganar respeto de los demás, proyectar una imagen de sí mismo.
Eso realmente no es nuevo, es algo que existe desde mucho tiempo atrás. Todos queremos aparecer, ser reconocidos, todos queremos ser tenidos en cuenta”.

El problema, explicó, aparece cuando ese deseo termina atrapándonos.

“Pero hay una trampa, y es quedarse atrapado en esa proyección de su propia imagen”.

Por eso, quizá la pregunta más importante no sea cuánta “aura” tenemos ante los demás, sino qué estamos cultivando cuando nadie nos está mirando.

¿Dónde se consigue la verdadera “aura”?

Frente a esta tendencia, el obispo propone darle la vuelta al concepto.

Si “farmear aura” consiste en hacer cosas que aumentan nuestra imagen ante los demás, ¿qué pasaría si buscáramos una “aura” que no dependiera de la aprobación de nadie?

Para el obispo, la verdadera “aura” se encuentra en algo mucho más profundo.

“Hay una forma de tener la verdadera aura, que consiste en perdonar cuando es difícil hacerlo, escuchar al que lo necesita, ser capaces de salir al encuentro del que es más débil. Esa es la verdadera aura.
Dios nos concede la capacidad de crecer en esa aura verdadera y no tanto caer en la trampa de estar manipulado solo por proyectar una imagen”.

¿Qué tipo de “aura” estamos buscando?

La reflexión de Mons. Henao no busca condenar una expresión que forma parte del lenguaje de muchos jóvenes. Más bien, utiliza esta tendencia como punto de partida para hablar de algo que todos podemos experimentar: el deseo de ser vistos, reconocidos y valorados.

La cuestión está en dónde ponemos nuestra identidad. Quizás la verdadera “aura” no sea la que conseguimos cuando todos nos están mirando, sino la que nace cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios.

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