El Instituto de los Pobres de Jesucristo, popularmente conocido como la Fraternidad El Camino, fue fundado en 2001 en São Paulo (Brasil) por el padre Gilson Sobreiro y tiene como misión amar y servir a Cristo en el pobre.

Hoy la comunidad está presente en 16 países, entre ellos Estados Unidos. Durante la Conferencia SEEK, uno de los mayores eventos para jóvenes universitarios del país, que se realizó en Fort Worth, Texas, a inicios de enero, las religiosas buscaron compartir la alegría de pertenecer a Dios y hablar sobre la vocación.

Culturas diferentes, misma meta

Con sonrisas, música y la alegría típica brasileña, el stand de las hermanas en el evento invitaba a los jóvenes a conocer más sobre el instituto y, quién sabe, despertar nuevas vocaciones.

La Hna. Dalva y la Hna. Maria Dolores conversaron con ChurchPOP y contaron un poco cómo la comunidad llegó a Estados Unidos y la experiencia de evangelizar en otro país y cultura.

“La primera hermana estadounidense ya vivía en Brasil como misionera de otra comunidad que no era religiosa, una institución que ayudaba a niños en una pequeña escuela en Pará. Ella conocía a nuestro fundador desde hacía muchos años y, cuando él decidió fundar la comunidad, la invitó a formar parte de esa fundación”, contó la Hna. Maria Dolores.

Inspirada por el deseo de fundar la comunidad en su propio país, la hermana inició la primera casa de la Fraternidad en Kansas City hace 13 años. Hoy también están presentes en Los Ángeles, Baltimore y Cedartown, además de Hamilton, en Canadá.

Para la Hna. Dalva, la experiencia de evangelizar en Estados Unidos es “muy fructífera”.

“Aprendemos mucho de la fe de un pueblo que está al otro lado del hemisferio; podemos ver cómo, aunque las culturas sean diferentes, la fe nos une”.

Y añade: “Está la cuestión del idioma, están las diferencias culturales, pero vemos que la fe es lo que nos une, la misma meta de ser santos”.

Por su parte, la Hna. Maria Dolores confiesa que el idioma fue una dificultad al inicio, además de las muchas diferencias culturales y gastronómicas, pero asegura que “el Espíritu Santo nos conduce a lanzarnos a estas aguas más profundas, lo que hace que todo sea más bello y más radical”.

Para las religiosas, participar en eventos como SEEK es importante para estar en comunión con la Santa Iglesia y tener la oportunidad de dar a conocer la vocación.

Alegría que viene de Dios

Al ser consultadas sobre si la alegría brasileña es un diferencial en la evangelización en otros países, las hermanas sonrieron.

“Siempre nos preguntan: ‘¡Wow, ustedes son muy alegres, muy extrovertidas!’. Y es una marca nuestra, una marca brasileña que realmente sobresale, transforma y evangeliza. Gracias a Dios, atraemos mucho con esta alegría brasileña y franciscana”, dijo la Hna. Maria Dolores.

La Hna. Dalva también explicó que las canciones no solo son una forma de atraer a los jóvenes, sino también de oración.

“La música es muy importante para nosotras, tanto para la evangelización, como también como medio para unirnos a Dios y elevarnos a Él en oración. Sea de una manera animada o de una manera orante, la música siempre es una forma de llegar al otro; por eso tenemos una conexión muy fuerte con este don”.

Por último, la Hna. Maria Dolores hizo un llamado:

“En el fondo de todo corazón buscamos la felicidad. Lamentablemente, pasamos mucho tiempo buscándola fuera de Dios; por eso creo que este es el momento de preguntarnos qué es lo que Dios realmente quiere de mi vida”.

Y dejó un mensaje de ánimo y esperanza:

“Cuando discerní mi vocación, tenía algo muy claro: no quiero perder el tiempo, quiero entregar mi juventud, lo mejor de mí, a Dios. Y creo firmemente que Dios sigue llamando en esta Iglesia tan viva que existe en Estados Unidos”.

¡Recemos por la conversión de todos los pueblos!

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