¿Cómo podría un empresario exitoso dejarlo todo para servir a Dios? Este es el testimonio del sacerdote de la congregación Fathers of Mercy, Padre Ken Geraci, que encontró la fe católica y decidió dedicar su vida a los demás por medio del sacerdocio.

En un episodio reciente del podcast “The Catholic Gentleman”, John Heinen y Sam Guzman conversaron con el agnóstico convertido en apasionado misionero, Padre Ken Geraci, que compartió su viaje desde la búsqueda de ambiciones mundanas hasta abrazar el llamado de Dios.

De joven “nunca quise ser católico y nunca quise ser sacerdote”

El sacerdote indicó que su familia era católica sólo de nombre, donde vivían su fe solamente asistiendo a Misa los domingos.

“Nunca orabamos juntos, nunca leíamos las escrituras, nunca íbamos a confesión, Misa diaria, rezar el rosario, nada de eso”, remarcó.

Como resultado de crecer en ese entorno, ya en la secundaria, el futuro sacerdote dejó la fe católica y se convirtió en agnóstico. El Padre Geraci remarcó que sus aspiraciones estaban fundamentadas en la creencia de que el éxito y el dinero eran los únicos caminos hacia la felicidad.

“Pensaba que el dinero me haría feliz”, lamentó.

Las palabras de su jefe cambiaron todo

Gracias a sus estudios en negocios, el joven Ken fue reclutado por una empresa que buscaba un profesional que tuviera experiencia en investigación de mercado y tecnología.

“Hacíamos investigación y desarrollo avanzado en reproductores de MP3 y libros electrónicos, esto fue antes de que existiera Kindle, quiero decir, antes de que cualquiera de esto existiera”, remarcó. “Fuimos los primeros en tener la capacidad de vender contenido digital de manera segura por Internet”, agregó.

Ocho meses después de trabajar en la empresa, el jefe de Ken lo animó a participar en el desarrollo de una nueva idea para una empresa de software.

“A una firma le gustó tanto la idea que invirtieron cuatro millones y medio de dólares en nuestro proyecto. Mi ego era del tamaño del estado de Texas, pero mi jefe me volvió a poner en mi lugar no mucho después”, señaló.

Su jefe, Mike, era un católico devoto, que logró que Ken abriera los ojos a un mundo diferente.

“Ken, profesionalmente no tengo ningún problema contigo, pero personalmente sí”, le indicó su jefe. “Has dicho que no crees en Dios, que no rezas, que no vas a la iglesia y, Ken, algunas de las historias que cuentas no son apropiadas para un hombre”.

Esta crítica a su autenticidad e integridad fue el primer paso para su gran conversión.

“Mike fue un paso más allá y me invitó a asistir a la Misa con él y su familia. Vi a la mente de ingeniería más brillante que conocía arrodillarse ante Jesús y la Eucaristía. Eso no me convirtió de inmediato, pero me hizo reflexionar”, añadió.

Poco a poco, Ken se sumergió en un profundo estudio de la espiritualidad y la existencia de Dios, que lo llevó del agnosticismo a una fase espiritual desordenada, donde recorrió varios caminos buscando a Jesús.

“Pasé de ser agnóstico a espiritual y comencé a estudiar las religiones del mundo. Jesús fue el único que afirmó ser Dios, así que empecé por ahí. Cristo me conquistó y me convertí en un cristiano evangélico. Finalmente, encontré mi camino de regreso al catolicismo”, resaltó.

Uno podría pensar que este gran descubrimiento lo llevó a convertirse en un mejor hombre de negocios, pero para el Padre Ken, significó mucho más. Este momento inesperado se convirtió en una asombrosa revelación.

El llamado al sacerdocio

Luego de la crisis económica del 2002, el Padre Ken vendió la empresa y decidió pasar un tiempo pensando realmente cuál era su vocación.

“En mi mente, me dije a mí mismo que quería ser esposo y padre más que cualquier otra cosa en mi vida. Luego, la siguiente pregunta que vino a mí fue: si conocieras a la mujer de tus sueños hoy, ¿estarías listo para casarte con ella? Me senté y lo pensé y dije que no”, señaló. “Era un hombre que rezaba, pero no un hombre de oración. Hay una diferencia fundamental”, agregó.

Luego de 12 semanas de investigar que hace a un católico ser un buen esposo y padre, conoció a Melissa Pérez, una chica hispana con la que empezó a salir.

“Empezamos a pasar tiempo juntos, a conocernos y a desarrollar esta amistad. Aproximadamente 8 semanas después de esta relación, me llamó y me dijo: ‘Oye, va a venir un sacerdote a mi iglesia, ¿quieres venir a pasar un rato?’”, resaltó.

Al inicio, el Padre Ken no estaba tan animado, pero decidió acompañarla, una decisión que cambió su vida.

“Estaba sentado allí en medio de una presentación de 30 o 40 minutos pensando: ‘Si este sacerdote dice que está inscribiendo a personas para convertirse en sacerdotes, lo haré. No sé qué le diré a Melissa o a mi familia, pero lo haré’. En un plazo de 20 segundos después de ese pensamiento, Melissa, la chica con la que estaba sentado, me dio un codazo en el costado y me susurró: ‘Oye, ¿estás seguro de que no deberías ser sacerdote?’, señaló.

Pasaron cuatro meses desde ese evento cuando, gracias a un amigo, Ken decidió ir a visitar a un sacerdote para conversar, cuál sería su sorpresa al darse cuenta que, ese religioso al otro lado de la ciudad, resultaba ser el mismo que había despertado su llamado a la vocación sacerdotal.

“Literalmente le estreché la mano y le dije: ‘Mi nombre es Geraci y creo que estoy destinado a ser sacerdote”, agregó.

¿Qué hago si siento el llamado a la vida religiosa?

El sacerdote indicó que su discernimiento empezó con preguntarse “¿cómo llegué a la misericordia de Dios?”.

“El mejor consejo que puedo dar a un joven que está discerniendo es que elija una dirección y pise el acelerador. No vaciles”, remarcó. “Si estamos constantemente buscando un paso cómodo para dar un salto, no lo encontraremos. Dios es un Dios de saltos en carrera. Te lanzas al borde de la piscina y él está ahí con los brazos abiertos, te atrapará”, agregó.

Escucha su testimonio completo en inglés:

¡Confiamos en la misericordia de Dios!

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