Dios nos habla de maneras inesperadas. Para la psicóloga católica Daniela Ramos, un simple viaje en taxi se convirtió en un momento de gracia cuando el conductor le compartió dos poderosas frases atribuidas al Padre Pío, que nos pueden ayudar a crecer en confianza en Jesús.
En un video publicado en su cuenta de Instagram, Ramos compartió cómo el conductor del taxi que la llevaba empezó a predicar de una manera asombrosa.
“Gracias Dios por hablarnos a través de Él”, indicó.
El taxista resaltó dos frases poderosas atribuidas a San Pío de Pietrelcina, que podemos repetir diariamente e incluirlas en nuestras oraciones.
“Señor mi pasado a tu misericordia, mi futuro a tu providencia, mi presente a tu Amor. Tu sabes, Señor, que sólo tengo el día de hoy para amarte, y por Tí, a quienes me has dado”.
“Señor que no haya nada en este día que tú y yo juntos no podamos vencer”.
Te compartimos también una oración del Padre Pío para pedir la compañía de Dios en nuestro día a día.
Quédate conmigo Señor
Quédate conmigo, Señor, pues es necesario tenerte presente para no olvidarte. Tú sabes con qué facilidad te abandono.
Quédate conmigo, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida, y sin ti estoy sin fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz y sin ti estoy a oscuras.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que oiga tu voz y te siga.
Quédate conmigo, Señor, porque quiero amarte mucho y estar siempre en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, si quieres que te sea fiel. Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma, desea ser para Ti un lugar de consuelo, un nido de amor.
Quédate conmigo, Jesús, porque se hace tarde y el día declina… es decir, la vida pasa, la muerte, el juicio y la eternidad se acercan y necesito reponer fuerzas para no detenerme en el camino, y para eso te necesito a Ti. Se hace tarde y la muerte se acerca. Temo la oscuridad, las tentaciones, las sequías, las cruces, las penas y cuánto te necesito, Jesús mío, en esta noche de destierro.
Quédate conmigo, Jesús, porque en esta noche de vida y de peligro, te necesito. Que en la fracción del pan te reconozca como discípulo tuyo, es decir, que la Comunión Eucarística sea la Luz que disipe las tinieblas, la Fuerza que me sostenga y la única Alegría de mi corazón.
Quédate conmigo, Señor, porque en la hora de mi muerte, quiero permanecer unido a Ti, si no por la Comunión, al menos por la Gracia y el Amor.
Quédate conmigo, Jesús, no te pido consuelos divinos porque no los merezco, pero el don de tu presencia, oh sí, te lo pido.
Quédate conmigo, Señor, sólo a Ti busco, a tu Amor, a tu Gracia, a tu Voluntad, a tu Corazón, a tu Espíritu, porque Te amo y no pido otra recompensa que amarte más. Con un amor firme y práctico, amarte, de todo corazón, en la tierra, para seguir amándote perfectamente por toda la eternidad. Que así sea.