Leigh McCombs encontró en el servicio a las personas sin hogar una manera de compartir el amor de Dios y, al mismo tiempo, de descubrirlo en quienes más sufren. Su experiencia como voluntaria en Skid Row, Los Ángeles, transformó su manera de mirar a los demás y fortaleció su fe.
Antes pasaba de largo ante las personas que vivían en la calle. Ahora, las busca. Así describe Leigh McCombs, asistente de programación de EWTN Global Catholic Network, el cambio que ha experimentado desde que comenzó a servir como voluntaria de la Fraternidad de los Pobres de Jesucristo, una comunidad católica nacida en Brasil hace 25 años, presente en 15 países y dedicada a llevar el amor de Dios a través de la evangelización y el servicio a los más necesitados.
Su misión en Skid Row, en Los Ángeles, le ha enseñado que salir al encuentro de quienes viven en la calle significa mucho más que ofrecer ayuda material: es recordarles que son amados por Dios, que su vida tiene dignidad y que no están solos.
Un llamado en medio de grandes cambios
Leigh llegó a esta comunidad en una etapa de importantes cambios personales. Durante cinco años se dedicó al cuidado de sus padres y, tras sus fallecimientos, mientras sus hijos también comenzaban una nueva etapa, sintió la necesidad de encontrar un propósito que le permitiera compartir el amor que Dios había puesto en su corazón.
Aunque inicialmente deseaba trabajar con niños, al conocer la espiritualidad de los Pobres de Jesucristo descubrió que aquella comunidad era el lugar donde Dios la llamaba a servir.

Encontrar a Jesús en las calles de Los Ángeles
Durante una procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Skid Row, un hombre se acercó corriendo a las religiosas, llorando y pidiendo oración: su hermano había muerto recientemente en la calle.
Aquel hombre encontró consuelo en el amor de Jesús y el encuentro lo conmovió tanto que decidió acompañar al grupo de regreso a la iglesia.
En otra conversación, un hombre llamado Anthony compartió una petición que Leigh no olvida: que la luz de Jesús iluminara siempre el camino que estaba llamado a recorrer.

Aprender a confiar en la providencia
Su fe también se ha fortalecido al contemplar la sencillez de los religiosos y su capacidad de encontrar alegría en las cosas pequeñas. Ha aprendido a confiar más en la providencia y a descubrir que Dios provee, aunque no siempre en el momento que esperamos.
Al principio, Leigh quería dedicar su servicio a los niños. Hoy, sin embargo, la comunidad llama hijos e hijas a las personas a las que acompaña, y muchos de ellos la llaman Mama.
Su experiencia deja una invitación para quienes sienten el deseo de ayudar, pero no saben por dónde empezar: "Di que sí a la llamada de Dios; Él te bendecirá abundantemente".
