“¡¿No hay nadie que sepa de qué se trata la Navidad?!”, exclama un exasperado Charlie Brown. “Claro, Charlie Brown —responde Linus—, yo puedo decirte de qué va la Navidad”. Entonces, el pequeño toma aire y recita el Evangelio según san Lucas 2, 8-14, parte central de la historia bíblica de la Navidad.
Son apenas siete versículos. Leídos con la voz inocente de un niño real, no la de un actor adulto, se convierten en el momento más memorable del especial para muchísimas personas. Y, aun así, esos mismos siete versículos casi provocan que el programa nunca viera la luz.
Cuando Charles Schulz, creador de la tira cómica Peanuts, fue contactado por primera vez para producir un especial navideño de Charlie Brown, incluyó la lectura de la Escritura desde su propuesta inicial. Uno de los productores dudó de inmediato, pero Schulz se mantuvo firme.
“Si podemos hablar del verdadero significado de la Navidad, basado en mis raíces del Medio Oeste, realmente valdrá la pena hacerlo”, recordó después el productor que Schulz le había dicho.
Obsérvese cómo Schulz tuvo que referirse a su fe cristiana de forma casi eufemística, apelando a su “Midwest background”. El productor explicó que Schulz estaba absolutamente decidido a incluir la lectura bíblica: “Si no hubiéramos ido por ese camino, no habríamos hecho el especial”.
Sin embargo, cuando los ejecutivos de CBS vieron el primer corte, se alarmaron. “Pensamos que habíamos arruinado a Charlie Brown”, confesó uno de los productores. Además de considerar que el ritmo era demasiado lento y que la música no encajaba, creían que el contenido era excesivamente religioso.
Tras deliberarlo, decidieron emitirlo, pero solo una vez, sin repeticiones, y sin encargar más episodios.
El especial se emitió el 9 de diciembre de 1965. Para sorpresa de todos, fue un éxito abrumador: capturó nada menos que el 45% de toda la audiencia televisiva de esa noche.
¿Y el momento más recordado? Según un crítico:
“La lectura de Linus de la historia de la Natividad fue, simplemente, el punto culminante dramático de la temporada”.
El verdadero poder de la Navidad es, y siempre será, el Evangelio de Jesucristo, nuestro Salvador.
Aquí está la famosa escena:
