Vivir en un convento puede parecer una opción poco común para quien recién comienza su vida profesional. Sin embargo, en Nueva York (Estados Unidos), esta realidad se está volviendo cada vez más frecuente.
Con los alquileres por las nubes, los jóvenes profesionales buscan habitaciones gestionadas por monjas e instituciones religiosas. Muchos llegan en busca de una opción más económica. Después descubren que han encontrado mucho más que eso.
Esta tendencia quedó reflejada en un reportaje publicado por el Wall Street Journal, que mostraba cómo parte de los recién llegados a la ciudad empezaron a plantearse estas viviendas ante el coste cada vez mayor del mercado inmobiliario.
El alquiler medio solicitado en Nueva York alcanzó los 3.616 dólares en el primer trimestre de 2026. Para quienes están empezando su carrera profesional, esta cifra puede hacer imposible vivir solo.
Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Katie Rettig, de 32 años.
Llegó a Nueva York con dos maletas, un trabajo que empezaba al día siguiente y sin ningún sitio donde vivir.
Los apartamentos temporales en Manhattan costaban unos 5.000 dólares al mes.
La solución la encontró en la residencia Sacred Heart, en Chelsea, donde pasó a pagar aproximadamente 1.650 dólares al mes.
Unas semanas más tarde, consiguió una plaza en la residencia St. Mary's, en el Upper East Side. Vivió allí durante casi un año pagando unos 1.200 dólares al mes.
Otras residencias ofrecen precios aún más bajos.
En la St. Agnes Residence, en el Upper West Side, una habitación cuesta a partir de unos 950 dólares al mes.
En el Centro María, en el Bronx, los precios rondan los 800 dólares.
Las residencias suelen acoger a personas de diferentes religiones y no exigen que los residentes sean practicantes de la fe católica.
A cambio de los precios más accesibles, existen algunas normas. Hay un horario para volver a casa, límites para las visitas masculinas, restricciones al consumo de alcohol y tareas compartidas entre los inquilinos.
Fue precisamente este detalle el que llamó la atención en las redes sociales.
Muchas personas se dieron cuenta de que quizá la mayor ventaja de estas casas ni siquiera sea el precio del alquiler.
Uno de los comentarios con más “me gusta” decía:
“Viven con gente de confianza y respetable, se acuestan temprano, dejan los vicios, valoran el silencio y son educadas”.
Otro resumió la impresión de muchos lectores:
“La Iglesia católica siempre salvando al mundo de todas las formas posibles”.
También aparecieron relatos de personas que ya habían vivido experiencias similares.
“Me alojé con unas monjas en Roma y me encantó. Nos hicimos amigas”.
Otra internauta escribió:
“Mi hija vivió cinco años en un convento mientras estudiaba en la universidad. Imagínate un lugar tranquilo”.
Los comentarios acabaron poniendo de manifiesto que estas residencias ofrecen algo que cada vez es más difícil de encontrar en las grandes ciudades.
Silencio, seguridad, rutina y vida en comunidad.
Quienes buscan una plaza suelen llegar por el precio del alquiler. Muchos acaban quedándose por el ambiente.
En una ciudad conocida por su ritmo acelerado y su alto coste de vida, estas casas gestionadas por religiosas siguen ofreciendo algo difícil de encontrar: un lugar donde la gente sigue viviendo como vecinos, comparte responsabilidades y encuentra un poco de paz al final del día.
