La beata Pauline Marie Jaricot creyó con todo su corazón en el poder de la oración. Si deseas encomendar una intención a su intercesión puedes hacerlo a través de la aplicación Rosario, que llevará personalmente estas peticiones a la tumba de la fundadora del Rosario Viviente.

Mathilde, miembro del equipo de la aplicación de oración creada por Hozana, visitó recientemente la casa de la beata Pauline. Allí pudo conocer su habitación, una experiencia que la conmovió profundamente.

“Pude ver su cuarto, tan sencillo y gastado por el tiempo, sus escritos, su rosario, su libro de oración… todo. Me conmovió mucho entrar en el mundo de esta beata y descubrir que, gracias a su devoción e innovación, hoy existe nuestra aplicación Rosario”.

A través de esta vivencia, Mathilde comprendió con mayor claridad qué era lo que movía a Paulina Jaricot: una fe profunda y confiada en el poder transformador de la oración. Así lo expresaba la propia beata en una de sus cartas a una integrante del Rosario Viviente:

“Sí: cuando las fuerzas humanas ya no pueden hacer nada, la oración —sostenida por la fe— puede hacerlo todo”.

Por ello, si atraviesas un momento difícil o llevas una intención en el corazón, Mathilde invita a encomendarla a la intercesión de la beata Pauline Jaricot mediante un formulario habilitado para recoger estas peticiones.

“Yo me encargaré de dejarlas personalmente sobre su tumba, en la iglesia Saint-Nizier, en Lyon (Francia), el próximo 9 de enero, día de su fiesta”, explicó.

Esta iniciativa es una oportunidad concreta para confiar las propias necesidades a Dios, siguiendo el ejemplo de una mujer que hizo de la oración el centro de su vida.

Las intenciones pueden enviarse a través de la página web de Hozana.

Beata Pauline Jaricot. Crédito: Dominio público.

¿Quién fue la beata Pauline Jaricot?

Pauline Jaricot nació el 22 de julio de 1799 en Francia, en el seno de una familia cristiana acomodada. A los 17 años vivió una profunda conversión que la llevó a consagrar su vida a Dios y a servir a los pobres, renunciando a las comodidades de su entorno.

Movida por el deseo de sostener la labor misionera de la Iglesia, fundó en 1822 la Sociedad para la Propagación de la Fe, una iniciativa laical que organizaba pequeños grupos comprometidos a rezar y aportar modestos donativos para la evangelización en el mundo.

Cuatro años más tarde, en 1826, impulsó el Rosario Viviente, una forma de oración comunitaria en la que cada persona reza una decena del Rosario para que, unidos, se complete diariamente la oración entera.

A pesar de sus esfuerzos por mejorar las condiciones sociales de los trabajadores mediante proyectos solidarios, enfrentó grandes dificultades económicas y pasó sus últimos años en la pobreza. Falleció el 9 de enero de 1862 en Lyon.

Su legado permanece vivo hasta hoy: la obra que fundó fue elevada a Obra Pontificia en 1922, y el Rosario Viviente continúa extendiéndose por el mundo, uniendo oración y misión en la vida de miles de fieles.

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