En medio del ruido de las redes sociales, Abel de Jesús intenta abrir un espacio para la fe. Desde allí, habla de Teología, fe y vida espiritual, convencido de que “Dios habla en el silencio del interior”.

Pero su historia no comenzó frente a una cámara. Aunque creció en una familia católica, durante un tiempo vivió la fe de manera más bien ocasional. Con el paso de los años llegó incluso a dejar de creer en Dios como un ser personal. La religión le parecía algo positivo, pero Dios había quedado lejano para él.

Hasta que una sencilla oración con un grupo de jóvenes cambió el rumbo de su vida.

Fue allí donde descubrió, de una manera profundamente personal, que Dios lo llamaba por su nombre. Aquella experiencia, que comenzó como una fuerte vivencia interior, terminó convirtiéndose en una certeza que transformó su manera de entender la fe. Después de muchas dudas, Abel descubrió al Dios personal que ama al ser humano y que se revela plenamente en Jesucristo.

Su camino de formación teológica tampoco fue algo que hubiera planeado desde el principio.

Al iniciar su formación en el seminario descubrió qué era realmente la Teología y comenzó a profundizar en ella. Lo que inicialmente parecía una circunstancia del camino terminó convirtiéndose en una de las principales dimensiones de su misión. Hoy, Abel dedica buena parte de su trabajo a la divulgación teológica, no simplemente como una labor académica, sino como una forma particular de evangelización.

En ese recorrido, la espiritualidad del Carmelo ocupó un lugar especial.

Santa Teresa de Jesús lo ha acompañado desde sus primeros pasos en la fe, junto a ella y a San Juan de la Cruz descubrió la riqueza de la teología mística, la belleza y la contemplación. De ellos aprendió que el amor de Cristo debe estar por encima de todo y que es precisamente en la contemplación de ese amor donde el ser humano encuentra su verdadera plenitud.

Fue también desde ese camino espiritual que nació su presencia en YouTube. Abel recuerda que sintió con fuerza la inquietud de evangelizar a través de internet. Después de discernirlo y ponerlo en manos de sus acompañantes, comenzó una misión que con el tiempo alcanzaría a miles de personas.

Su trabajo digital parte de una convicción: la Teología también puede ser una herramienta de evangelización. En un entorno marcado por la rapidez, la polarización y el exceso de estímulos, Abel intenta abrir espacios para pensar la fe y responder a las preguntas que muchas personas llevan dentro.

Sin embargo, reconoce que uno de los grandes desafíos del mundo digital es precisamente el silencio.

No solo el silencio exterior, sino el interior. La productividad constante, la indignación, el ego, los deseos y hasta las dinámicas adictivas de internet pueden dejar poco espacio para la paz. Para Abel, recuperar ese silencio es fundamental, porque “Dios habla en el silencio del interior”.

Para quien se siente cansado, lejos de Dios o perdido entre el ruido de las redes, Abel propone mirar ese mismo cansancio como una señal. Todo aquello que no es Dios termina por cansar al corazón humano. En cambio, el deseo de algo infinito puede convertirse en el lugar donde Dios comienza a trabajar.

Porque, como recuerda Abel de Jesús, el alma humana no se conforma con menos que todo.

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