El amor al que estamos llamados es exigente. Nos pide inquietarnos, salir de nosotros mismos, reconocer que no estamos solos y que también hay otros con necesidades y preguntas.
No puede haber amor verdadero cuando nuestros propios intereses ocupan el centro y se convierten en el criterio de nuestras elecciones. El amor es una comunión que nos expropia y nos invita a donarnos, a permanecer expuestos y dispuestos.
En el mes del Sagrado Corazón de Jesús queremos dejarnos interpelar por su amor para que, con sus lecciones, Él nos eduque y podamos vencer nuestra tristeza y soledad:
1) El amor es paciente
El amor ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5, 5), pero quizás no lo hemos notado o preferimos silenciarlo. Esto sucede porque en nuestra vida el amor también tiene que ver con la tribulación, el sufrimiento, el cansancio. Es ese amor el que más nos cuesta; sin embargo, es el lugar donde comienza a cultivarse en nosotros la paciencia (cf. Rm 5, 3).
Sí, porque el amor no se ve en los grandes sacrificios heroicos que la vida nos permite hacer, sino en la paciencia de lo cotidiano, en soportar el peso de lo ordinario. Es esta paciencia, este amor de todos los días, el que nos impulsa a crecer en la virtud, nos santifica y nos permite no perder la esperanza y el sentido de nuestra existencia, que a veces nos parece tan trivial.
2) El amor es sobreabundante
El amor está dentro de las relaciones auténticas, por eso, Dios que es amor, no puede ser una persona aislada. Dios Amor no es soledad, es el Amor que se relaciona con nosotros constantemente y como muestra de ese amor, nos da a su propio hijo, Jesús. En Cristo el amor trinitario se hace carne, es traspasado y expuesto. Es un amor sobreabundante que sale y se entrega por nosotros, un amor en el que no existe la competencia, la venganza o la envidia, un Amor que es el fuego de su Sagrado Corazón.
3) El amor es siempre bueno
Podemos descubrir la bondad del Señor cuando miramos su corazón expuesto, que es bueno, que siempre está dispuesto a la humildad y a la misericordia.
El amor del Corazón de Jesús, como nos decía el papa Francisco, "es un amor cuya ternura podemos experimentar y gustar" en cada estación de la vida: en el tiempo de la alegría y en el de la tristeza, en el tiempo de la salud y de la enfermedad, en el tiempo de la consolación o la desolación. Es un amor que siempre quiere nuestro bien y que nunca nos abandona.
En este mes del Sagrado Corazón de Jesús, pidámosle que nos enseñe a tener un corazón como el suyo para que podamos aprender a amar, y dirijamonos a Él con la oración que el Papa León nos ha invitado a rezar:
“Señor, hoy vengo a tu tierno Corazón, a Ti que tienes palabras que encienden el mío, a Ti que derramas compasión sobre los pequeños y los pobres, sobre los que sufren y sobre toda miseria humana. Deseo conocerte más, contemplarte en el Evangelio, estar contigo y aprender de Ti y del amor con que te dejaste tocar por todas las formas de pobreza. Tú nos mostraste el amor del Padre amándonos sin medida con tu Corazón divino y humano. Concede a todos tus hijos la gracia del encuentro contigo. Cambia, moldea y transforma nuestros planes, para que sólo te busquemos a Ti en cada circunstancia: en la oración, en el trabajo, en los encuentros y en nuestra rutina diaria. Y desde este encuentro, envíanos en misión; una misión de compasión por un mundo en el que eres la fuente de donde fluye toda consolación. Amén.”
