¿Quieres pasar un día en el desierto como Jesús? Esto recomienda un sacerdote

Jesús sentado en el desierto
Créditos: Pixabay

Durante la Cuaresma celebramos los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto preparándose para la Pascua. Allí ayunó, oró y recibió las tentaciones del demonio.

La ida al desierto significó desde los primeros tiempos del cristianismo, una oportunidad para seguir los pasos de nuestro Maestro. Ir al desierto significa alejarse de la realidad mundana, abandonar las comodidades del día a día y encontrarse con Dios. Así lo hicieron muchos santos como San Antonio, padre de los anacoretas, o San Pacomio, padre de los cenobitas.

Alejarse del mundo para encontrarse con Dios no es algo del pasado. “Cuando se dedica al Señor un día entero (al menos unas siete horas) en silencio y soledad, a este día se le llama Desierto”, dijo el padre Ignacio Larrañaga.

¡Así podemos imitar a Jesús!

¿Quieres pasar un día en el desierto como Jesús? Esto recomienda un sacerdote

Para realizar un Desierto, es necesario: 

  • Salir del lugar donde uno vive o trabaja, y retirarse a un lugar solitario, sea campo, bosque, montaña o una Casa de Retiro.
  • Disponer de un conjunto de textos bíblicos, salmos, ejercicios de relajación
  • Un cuaderno para anotar impresiones.

Cuando tengas todo esto preparado puedes comenzar tu Desierto y seguir las siguientes pautas:

1. Comienza con una lectura rezada de salmos. (60 minutos).

2. Si te invaden las distracciones, para conseguir estar sereno puedes hacer ejercicios de relajación, concentración y silenciamiento. (30 minutos)

3. Momento dediálogo personal con el Señor Dios. Un diálogo no necesariamente de palabras sino de interioridades, hablar con Dios, estar con Él, amar y sentirse amado. (65 minutos)

4. Procura tener intervalos de descanso en que lo importante es no hacer nada, sólo descansar.

5. No puede faltar en el Desierto, una prolongada lectura meditada, utilizando los textos bíblicos, confrontando tu vida personal y apostólica con la Palabra de Dios. (80 minutos).

6.  En este punto, tampoco debe faltar un prolongado diálogo con Jesucristo, expresamente con Él. Hablar con El como un amigo habla con otro amigo. (50 minutos)

7. Finalmente, para terminar el Desierto, realiza un ejercicio intensivo de abandono: sana de nuevo las heridas, acepta los rechazos, perdonarse y perdonar, consolidar y robustecer la paz. (40 minutos).

Por último, el padre Larrañaga nos dedica unas palabras: “No te pongas eufórico en las consolaciones, ni deprimido en las arideces. El criterio seguro de presencia divina es la paz. Si tienes paz, aún en plena aridez, Dios está contigo. Y recuerda cuántos Desiertos hacía Jesús”.

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