Todas las veces que el apóstol San Pablo corrige los errores de los evangélicos

San Pablo
Créditos: Britanica / Flickr.

Comúnmente nuestros hermanos evangélicos citan al apóstol San Pablo como el prototipo del evangelizador, quien no estaría, según ellos, sujeto a los “errores católicos”.

Sin embargo, una lectura rápida de las cartas del apóstol San Pablo nos revela todo lo contrario: si ignoráramos voluntariamente los otros textos del Nuevo Testamento, ya en sus escritos encontraríamos la afirmación de los elementos más importantes del catolicismo.

Por supuesto que la Biblia debe ser interpretada de una manera integral y no aislando textos. Pero hagamos el ejercicio.

Todas las veces que el apóstol San Pablo corrige los errores de los evangélicos

¿Solo la Biblia es la fuente de la revelación? San Pablo habla de la Tradición Apostólica.

“Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta” (II Tes, 2, 15)

“Los felicito porque siempre se acuerdan de mí y guardan las tradiciones tal como yo se las he transmitido” (I Cor 11, 2)

“Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros” (II Tim 1, 12-14).

San Pablo reconocía el primado de Pedro…

Sabemos que Jesús le dijo a San Pedro “Y yo te digo: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo'”. (Mt. 16, 18-19)

Y luego, en el Evangelio de San Juan: “Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas”, que traducido significa Pedro” (Jn 1, 42).

Así Cristo instituyó la primacía de Pedro sobre el resto de los Apóstoles, cuestión que queda clara al otorgarle un nuevo nombre y una misión. Con él y solo con él hizo esto, de allí su autoridad sobre el resto.

Ahora bien, ¿Cómo sabemos que San Pablo reconocía la primacía de San Pedro? Porque en varias de sus cartas porque utiliza este nombre para referirse a él.

“Por eso, Santiago, Cefas y Juan –considerados como columnas de la Iglesia– reconociendo el don que me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos” (Gal 2, 9).

“Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios” (I Cor, 3, 22-13).

San Pablo también habla del sacramento de la Eucaristía

“Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía».

De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía».

Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva“. (I Cor, 11, 23-26)

¿Solo justificados por la Fe? No, también por las obras

“Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios, que retribuirá a cada uno según sus obras. El dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad.” (Rom 2, 5-7).

El apóstol explica claramente la Comunión de los Santos…

“Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. (…) El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. (…) El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». (…) ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo“. (I Cor 12, 12-27).

…y la necesidad de la intercesión

“Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos” (Ef 6, 18)

Y finalmente, también describe al purgatorio

“El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: la obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; si la obra es consumida, se perderá. Sin embargo, su autor se salvará, como quien se libra del fuego” (I Cor 3, 11-15).

¿Qué otros pasajes de las cartas de San Pablo agregarías? ¡Cuéntanos!

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