Los asombrosos milagros que impulsaron la devoción a María Auxiliadora

María Auxiliadora
Créditos: Wikipedia / Flickr

El 24 de mayo celebramos la advocación de María Auxiliadora, y durante toda esta semana se reza su novena. ¿Conoces los increíbles milagros que ayudaron a san Juan Bosco a impulsar esta devoción? Aquí te los contamos.

Era el año 1862, y cuentan la Memorias de san Juan Bosco que este santo decidió que debía construir una iglesia en honor a la Virgen y que esta debía llevar el título de María Auxiliadora.

Don Bosco le dice a una persona cercana, “la Virgen quiere que la honremos con el título de María Auxiliadora: corren unos tiempos tan tristes que ciertamente necesitamos que la Santísima Virgen nos auxilie para conservar y defender la fe cristiana”.

Sin embargo, faltaban los fondos para la construcción y el santo reconocía: “No tengo un céntimo, no sé de dónde sacaré el dinero, pero eso no importa. Si Dios la quiere, se hará. Yo lo intentaré y, si no se hace, que la vergüenza del fracaso sea toda para don Bosco”. (Memorias de san Juan Bosco, Tomo VII, p. 288).

El primero de los incontables milagros de María Auxiliadora

Pues el primer problema del santo fue encontrar el dinero para construir la iglesia. Al comienzo hubo varias personas acomodadas que quisieron colaborar con la construcción del templo pero con el tiempo cambiaron de parecer. Con los trabajos de excavación ya iniciados, don Bosco comenzó a estar en aprietos.

“De pronto, con motivo del sagrado ministerio, don Bosco fue llamado al lecho de una persona gravemente enferma. Estaba en cama imposibilitada desde hacía tres meses, aquejada de tos y de fiebre, con grave debilidad de estómago.

-Si yo pudiese, comenzó a decir, recuperarame un poco, estaría dispuesta a cualquier rezo, o cualquier sacrificio; sería para mí una señalada gracia si tan sólo pudiese levantarme de la cama.

– ¿Qué se le ocurriría hacer?, preguntó don Bosco.

– Lo que me diga.

– Haga una novena a María Auxiliadora.

– ¿Qué debo rezar?

Durante nueve días rece tres padrenuestros, avemarías y glorias al Santísimo Sacramento con tres salves a la bienaventurada Virgen María.

– Lo haré y ¿qué obra de caridad?

– Si le parece bien y si consigue una verdadera mejoría, haga una ofrenda para la iglesia de María Auxiliadora que se está edificando en Valdocco.

– Sí, sí, con mucho gusto. Si durante esta novena consigo solamente poderme levantar de la cama y dar unos pasos por esta habitación, haré un donativo para la iglesia de que me habla.

Empezó la novena y estábamos ya en el último día. Don Bosco debía entregar aquella tarde no menos de mil liras a los obreros. Fue a visitar a la enferma. Abrióle la doncella y con gran gozo le anunció que su señora se encontraba perfectamente curada; había dado ya dos paseos y había ido a la iglesia para dar gracias al Señor.

Mientras la criada le contaba rápidamente todo aquello, salió jubilosa la misma señora, exclamando:

– Estoy curada, ya he ido a dar gracias a la Virgen Santísima; tenga el paquete que le he preparado. Esta es la primera limosna, pero ciertamente no será la última.” (Memorias de san Juan Bosco, Tomo VII, p. 402-403)

Una curación asombrosa

Las obras del templo a María Auxiliadora continuaban pero también los apremios para financiarla. Un mediodía en que don Bosco paseaba por el municipio pensando cómo podría reunir el dinero que necesitaba con urgencia para costear una obra.

Entonces pronto lo abordó una mujer, le dijo que necesitaba su ayuda y señaló hacia un palacio. Con presteza el santo la siguió. Al llegar al palacio lo recibió una señora afligida y en llanto pidiendo por la salud de su marido. La mujer enfatizó: “yo hubiera querido que me obtuviese de María Auxiliadora la curación de mi marido; habría hecho cualquier cosa por su iglesia, pero ya es demasiado tarde; está en las últimas”.

Resignada a su pronta muerte le dijo que los médicos lo habían visto y no encontraban solución. Y se dio el siguiente diálogo:

¿Asistió también la Virgen?, preguntó don Bosco. Si Ella no estaba, la consulta era incompleta, porque faltaba el médico de cabecera. ¿Qué enfermedad tiene?

-La enfermedad presentó diversas formas, hasta que, desde hace varios meses, degeneró en hidropesía [acumulación anormal de líquido, probable síntoma de otra enfermedad]; le operaron varias veces y de nuevo está tan hinchado que da lástima; pero los médicos no se atreven a tocarlo, porque, según dicen, no soportaría ninguna operación.

-Bueno, si ustedes están decididos a ayudar a la Virgen en un asunto, yo probaré a ver si la Virgen cura a su marido.

-Con mucho gusto; ¡lo que sea! Pocos minutos después entraba don Bosco en una habitación, donde encontró en el lecho a un señor de edad algo avanzada, el cual, al verlo, exclamó contento:

-¡Don Bosco! Si usted supiera cuánto necesito sus oraciones. Sólo usted puede sacarme de esta cama.

-¿Hace mucho que se encuentra en este estado?

Tres años, tres largos años en los que sufro horriblemente; no puedo hacer el menor movimiento y los médicos ya no me dan esperanzas de curación.

-¿Quiere dar un paseo?

-¡Pobre de mí! Ya no lo haré más, sino que me lo harán hacer…

-Si usted está de acuerdo con su señora, lo dará hoy mismo con sus piernas y en su coche.

-Si yo pudiera obtener un pequeño alivio al menos, haría con gusto cualquier cosa por sus obras.

-Vea, señor; el momento sería verdaderamente propicio: necesito ahora mismo tres mil liras.

-Pues bien, obténgame solamente un poco de alivio a mis males y yo procuraré contentarle para fin de año.

-Pero las necesito esta misma tarde.

-Esta tarde, esta tarde. . . y ¿dónde encontrarlas? Tres mil liras no se tienen siempre a mano. Hay que ir al Banco Nacional. . . cambiar papel del Estado…

-¿Y por qué no ir al banco?
-¿Quién?
-¡Usted!

-¡Me es imposible! ¡Usted bromea! Hace tres años que no me muevo.

Imposible: Imposible para nosotros, mas no para Dios omnipotente. ¡Ea, pues! Dé gloria a Dios y a María Auxiliadora, hagamos la prueba.

Hizo don Bosco reunir en la habitación a todas las personas de la casa, unos treinta, comprendido el servicio, y les invitó a recitar oraciones especiales a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora,

Apenas terminaron de rezar, el Venerable bendijo al enfermo y éste empezó inmediatamente a evacuar, de tal manera que la señora, asustada, se puso a gritar:

-¡Que se muere! ¡Que se muere!

Y don Bosco la calmó:

-Esté tranquila que no se muere; su cuerpo ha vuelto a la normalidad”. (Memorias de san Juan Bosco, Tomo VIII, p. 434-436).

Estos son solo dos extraordinarios relatos de curaciones milagrosas obradas mediante la novena de María Auxiliadora. Pero a través de los incontables prodigios que Dios concedió a través de esta advocación mariana, san Juan Bosco pudo terminar el templo en su nombre. Hoy es la imponente Basílica de María Auxiliadora en Turín.

Tan generoso fue el Señor a través de María Auxiliadora que don Bosco solía decir “cada ladrillo del sagrado edificio recuerda una gracia obtenida de la Augusta Reina del Cielo“.

¡María Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros!

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