¿Sabías que el demonio visitó al Padre Pío en el confesionario?

Padre Pío
Créditos: Antonio M. Mora García vía Flickr (CC BY-NC-SA 2.0) / Wikimedia Commons

En la página Catholic Web Services, hay un apartado sobre los testimonios y cartas que el mismo Padre Pío dio en vida.

En uno de sus testimonios, que tuvo a Don Pierino como testigo, un hijo en la fe del Padre Pío, ocurrió lo siguiente.

“Él era amable y educado”

El Padre Pío escribió en una ocasión:

“Un día, mientras escuchaba confesiones, un hombre vino al confesionario donde estaba yo. Era alto, guapo, vestido con cierto refinamiento, y era amable y educado.

Comenzó a confesar sus pecados, que eran de todo tipo: contra Dios, contra el hombre y contra la moral ¡Todos los pecados eran desagradables!

Estaba desorientado, de hecho por todos los pecados que me dijo, pero le respondí con la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia y la moral de los santos”.    

Justificaba sus pecados

“Pero el enigmático penitente me respondió palabra por palabra, justificando sus pecados, siempre con extrema habilidad y cortesía.

Excusó todas las acciones pecaminosas, haciéndolas sonar bastante normales y naturales, incluso comprensibles en el nivel humano.

Continuó de esta manera con los pecados que eran horribles contra Dios, Nuestra Señora, los Santos, siempre usando argumentos irrespetuosos. Él mantuvo esto incluso con el más grave de los pecados que se podían conjurar en la mente del hombre más pecador”.

“¿Quién es él?”  

“Las respuestas que me dio con tan hábil sutileza y malicia me sorprendieron. Me preguntaba: ¿quién es él? ¿De qué mundo viene?, y traté de mirarlo para leer algo en su rostro.

Al mismo tiempo, me concentré en cada palabra que decía, tratando de descubrir alguna pista sobre su identidad…

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interna, claramente reconocí quién era.

Con un sonido y el tono imperial le dije: “¡Larga vida a Jesús, larga vida a María!” Tan pronto como pronuncié estos dulces nombres y potentes, Satanás desapareció al instante en un reguero de fuego, dejando tras de sí un hedor insoportable”.

¡Una historia increíble! Padre Pío, ¡ruega para que el Espíritu Santo nos permite reconocer lo que no viene de Dios!

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