Dios encuentra a sus ovejas en lugares increíbles, hasta en la familia de un dictador

Svetlana Iosifovna, la hija favorita de Joseph Stalin, uno de los dictadores más sanguinarios de la historia, se convirtió al catolicismo.

Nació en 1926, fue considerada como la hija predilecta Stalin, y fue tratada como realeza desde niña.

Sin embargo, cuando cumplió 16 años descubrió que su padre le había ocultado el suicidio de su madre. Además supo que él hizo “desaparecer” a dos tíos suyos con quienes tenía una muy buena relación.

La muerte de su padre le impresionó mucho, pues no encontró paz o tranquilidad en ese lecho de muerte.

Después de esto, tomó el apellido materno y terminó mudándose a la India, donde conoció la religión. Abandonó las ideas ateas y se bautizó en la Iglesia Ortodoxa.

Fue perseguida por la inteligencia rusa por ir en contra de las ideas de su padre. En esos días conoció al embajador estadounidense en Nueva Dheli y consiguió huir a los Estados Unidos.

La CIA le consiguió un lugar donde esconderse: un monasterio carmelita en Fribugo. Se hizo amiga de las monjas y un sacerdote italiano llamado Garbolino.

Estas amistades hicieron que ella conociese la fe católica y acudió a una peregrinación hacia Fátima.

En 1982, aprovechando la fiesta de Santa Lucía, pidió y obtuvo el bautismo católico. Desde entonces, indicó que no había encontrado más que paz y un ambiente justo donde vivir.

Ella escribió una vez: “Como una brújula gira siempre hacia el Polo Norte, yo sigo girando todo el tiempo hacia la misma dirección: Roma. Acudo a la misa en Cambridge, miro a los mártires ingleses y a la Virgen, observo la vuelta de los fieles a sus asientos, tras haber recibido la Comunión: miro los rostros limpios de la gente. Me gusta ver esa transformación tan visible”.

También indicó: “Nunca había sido capaz de perdonar y de arrepentirme; hoy, como católica, soy distinta a antes, sobre todo desde que voy a misa a diario. Fui acogida entre los brazos de la Virgen María, a la que nunca me había acostumbrado a llamar por su nombre”.

Svetlana Iosifovna murió el 22 de noviembre de 2011 en Wisconsin, Estados Unidos.

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