Nació en 1920 en Polonia, su nombre original fue Karol Wojtyla y fue ordenado sacerdote a los 26 años. Fue elegido Papa en 1978, y su pontificado duró casi 27 años, hasta el 2005.

Tuvo el segundo pontificado más largo de la historia, después de Pío XI (aunque para algunos San Pedro tuvo el más largo de todos). Fue conocido como el Papa Peregrino por hacer 250 visitas pastorales a 129 países. Inició la “Jornada Mundial de la Juventud” y presidió 9 de ellas.

Fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril del 2014, solo 9 años después de su muerte, una de las más rápidas de la historia de la Iglesia.

Aquí te compartimos 3 anécdotas de su vida:

“Yo me inclino ante vosotros”

Cuando fue obispo auxiliar en los ‘60s y visitó Cracovia, un niño le dio la bienvenida con un discurso.

El entonces Obispo Karol Wojtyla no lo escuchaba bien, por lo que le pidió al niño que alce la voz. El niño le respondió: “¡Pues si no oyes, te inclinas!”.

Muchos se consternaron ante la irreverencia del niño. Pero el obispo se inclinó para escuchar, y en la homilía reflexionó:

“Uno de los más pequeños de vuestra comunidad parroquial ya al principio de nuestro encuentro me ha recordado que debo inclinarme para escuchar lo que quiere decirme. Sí, yo ahora en mi servicio pastoral me inclino ante vosotros”.

“¿Cómo se encuentra, perrito?”

Uno de los prelados del Vaticano estudió polaco y quiso sorprender al Papa Juan Pablo II hablándole en su idioma natal.

Cuando se encontró con él, le quiso decir: “Jak się czuje Papież?”, que significa: “¿Cómo se encuentra, Santidad?”.

Pero lo hizo tan rápido y mal vocalizado que en realidad dijo: “Jak się czuje piesek?”, que significa: “¿Cómo se encuentra, perrito?

El Papa lo miró extrañado, pero comprendiendo lo que sucedió y le respondió: “¡Guau, guau!”.

“El buen Dios quiso que subiéramos tan alto”

En 1978 la alpinista polaca Wanda Rutkiewicz logró subir al monte Everest siendo la primera polaca y primera mujer europea en lograrlo. Ese mismo día, el Obispo Karol Wotyla se convirtió en el Papa Juan Pablo II.

El año siguiente Wanda logra encontrarse con el Papa en Cracovia, y le obsequió una roca de la cima del Everest y le dijo: “El buen Dios quiso que en ese mismo día los dos subiéramos tan alto”.

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