Si vas a viajar a la Jornada Mundial de la Juventud en Corea del Sur, el hermano Andrew Sanggu Kang comparte tres iglesias que todo peregrino debería conocer, lugares que custodian el corazón de la fe católica coreana y donde la historia, el martirio y la esperanza siguen hablando hoy.
A través de sus redes sociales, el seminarista de 29 años, originario de Cheongju, Corea del Sur, dio a conocer estos espacios que, lejos de ser simples destinos turísticos, fueron fundamentales en el nacimiento y crecimiento del catolicismo en Corea.
1. Catedral de Myeongdong: el corazón vivo de la fe en Seúl
El hermano Andrew explica que muchos creen que Myeongdong es solo una zona comercial, pero en realidad es un lugar importante en el catolicismo coreano. Fue aquí donde los primeros católicos del país se reunieron para recibir clases de catecismo.
“Una idea impactante, porque cualquiera podía participar, noble o esclavo: la fe pertenecía a todos”, destaca.
Inaugurada en 1898, la Catedral de Myeongdong fue el primer edificio de ladrillo de Corea y se convirtió en un símbolo de una fe que echaba raíces firmes en el país.
“En las décadas de 1970 y 1980, durante la lucha de Corea por la democracia, la Catedral de Myeongdong se convirtió en un santuario de verdad y valentía, protegiendo a jóvenes que luchaban y esperaban por la libertad. Esta iglesia nos recuerda que la fe está viva y que aún hoy sigue dando a los coreanos coraje y paz”.
2. Santuario de Seosomun: donde la fe se negó a morir
En pleno corazón de Seúl se encuentra el Santuario de Seosomun, uno de los sitios de martirio más antiguos y sagrados de Corea. Durante la dinastía Joseon, este lugar fue escenario de ejecuciones públicas donde innumerables católicos fueron asesinados únicamente por creer en Cristo.
“Laicos, eruditos e incluso madres eligieron la fe antes que el miedo. Su valentía transformó un lugar de muerte en la base de la Iglesia católica coreana”.
Hoy, Seosomun es un espacio que invita a comprender que el testimonio de los mártires no pertenece sólo al pasado, sino que nos sigue enseñando hasta la actualidad.
“En el silencio de Seosomun, su valentía aún habla: la fe no puede ser silenciada. La verdad nunca muere”.
3. Santuario de los Mártires de Gapgot: una fe que llegó por el mar
Para quienes buscan un lugar menos conocido, el Santuario de Gapgot, en la isla de Ganghwa, es una parada imprescindible. Esta isla fue históricamente una fortaleza que protegía la capital, pero también se convirtió en una puerta secreta para la evangelización.
“Cuando la persecución hizo imposible viajar por tierra, misioneros y creyentes llegaban en secreto por mar, desembarcando en la playa de Gapgot. Incluso San Andrés Kim, el primer sacerdote coreano, llegó aquí en 1845 para abrir una ruta secreta para los misioneros”.
Muchos católicos fueron ejecutados en este lugar por mantenerse firmes en su fe. Hoy, el santuario se levanta donde derramaron su sangre los mártires y sigue siendo un punto de peregrinación para quienes desean profundizar su vida espiritual.
“Con una capilla, un centro espiritual y el Vía Crucis que recuerda su sacrificio. No es solo un lugar para mirar al pasado, sino para orar, renovar la fe y dar gracias a Dios por el coraje que edificó la Iglesia en Corea”.
