Todos hemos rezado por algo importante y, al no recibir la respuesta que esperábamos, nos hemos preguntado: «¿Dios realmente me escucha?».

En Introducción a la vida de oración, Romano Guardini reflexiona sobre las formas y dificultades de la oración. A partir de su enseñanza sobre la petición, podemos reconocer tres actitudes necesarias para perseverar cuando Dios parece guardar silencio.

1. Reza con la confianza de un hijo

Cuando un niño necesita ayuda, busca a quien lo ama. De manera semejante, la oración cristiana nace de la confianza en Dios, nuestro Padre.

Rezar no consiste solamente en acudir a Él durante una emergencia. También implica reconocer que la vida y todo bien recibido son dones de su amor.

Jesús nos enseña en el Padrenuestro a mirar primero el nombre, el Reino y la voluntad del Padre, antes de presentarle nuestras necesidades. Esta oración no solo nos enseña qué pedir, sino que ordena nuestros deseos y nos ayuda a hablar con Dios como hijos (CIC 2763-2766; 2803-2806).

El Padre conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, pero espera nuestra petición porque respeta nuestra libertad (CIC 2736).

  • ❓¿Busco a Dios cada día o solamente cuando necesito que resuelva un problema?
  • 📖 Jesús nos enseñó a dirigirnos a Dios diciendo: "Padre nuestro" (Mt 6,9).

2. No midas el amor de Dios por lo que sientes

Cuando una petición parece no tener respuesta, pueden surgir tristeza, dudas o sensación de abandono. Estos sentimientos son reales, pero no demuestran que Dios se haya alejado.

El Catecismo reconoce que la confianza filial se pone a prueba cuando creemos que no somos escuchados (CIC 2734-2735). También explica que la sequedad —orar sin experimentar consuelo o satisfacción— puede convertirse en un momento de fe más puro y perseverante (CIC 2731).

La fe no niega nuestras emociones. Nos ayuda a evitar que ellas se conviertan en el único criterio para juzgar nuestra relación con Dios.

Podemos decirle con sinceridad que estamos cansados, confundidos o heridos y, aun así, permanecer en su presencia.

  • ❓¿Abandono la oración cuando no siento consuelo o continúo confiando en Dios?
  • 📖 Los apóstoles le pidieron a Jesús: "Auméntanos la fe" (Lc 17,5).

3. Pide con confianza, sin imponer la respuesta

Orar no es darle a Dios una orden ni explicarle exactamente cómo debe resolver nuestros problemas. Es presentarle nuestras necesidades y permitir que transforme también nuestro corazón.

Jesús expresó su angustia en Getsemaní, pero se entregó al Padre: "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Mt 26,39).

María vivió esa misma disposición cuando respondió al ángel: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).

Aceptar la voluntad de Dios no significa pensar que Él causa cada sufrimiento ni dejar de buscar soluciones. Significa reconocer que no vemos toda la realidad y confiar en que Él conoce mejor el camino.

Por medio de la oración podemos discernir la voluntad de Dios y recibir la constancia necesaria para cumplirla (CIC 2826). Además, el Catecismo enseña que la transformación del corazón es ya una primera respuesta a nuestra petición (CIC 2739).

  • ❓¿Le presento mis necesidades a Dios o intento imponerle el modo y el momento en que debe actuar?
  • 📖 María respondió con fe: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).

Orar también es aprender a permanecer

Dios no nos pide que ocultemos nuestras dudas o nuestro dolor. Nos invita a llevarlos a su presencia y permanecer junto a Él, incluso cuando todavía no comprendemos.

Cuando sientas que Dios no te escucha, sigue hablándole. Pídele que aumente tu fe y que, junto a María, puedas confiar en su voluntad.

La oración no siempre cambia inmediatamente las circunstancias, pero puede transformar el corazón con el que las vivimos.

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